jueves, 13 de noviembre de 2014

Cicatrices.

Escribo estas líneas mientras con la otra mano sujeto la cuchilla que alguien me regaló hace algunos meses.
Escribo estas líneas mientras mi mente vuelve a recordar cada lágrima derramada cuando ella se unía a mi piel.
Escribo estas líneas mientras ellas asoman tímidamente por mis mangas, recordándome una vez más aquel dolor..

Aún recuerdo esa primera vez, hace siete años.
Yo, con dieciséis, rota de dolor, con ganas de desaparecer, sin motivos para seguir luchando y echa un par de lágrimas, recurrió a un cúter mal afilado que guardaba en el escritorio.
Las primeras gotas asomaban y un mar de tranquilidad asomó por mi rostro, hasta que esas lágrimas desaparecieron.
No conseguía averiguar porqué no les caía bien, no averiguaba porqué no querían conocerme.. pero aquel corte consiguió que ese miedo desapareciera.
Un día fue un corte, al día siguiente fueron tres, después cuatro.. y mi muñeca comenzó a ser un lugar en el que podías encontrar pequeños caminos de dolor transformados en cortes. Cortes que meses después desaparecieron, y con ellos el curso..

Dos años después volvió a suceder.. La cuchilla volvió a mi, y esta vez ni mi propio yo tenía el control para parar ese dolor.
Pronto los cortes en la muñeca se unieron a las heridas que yacían en mis manos. Mi mano izquierda pasó a ser una mano herida. Y a eso, le añadía las palizas que mis nudillos le daban a la pared hasta hacerme sangrar.. Pero todo ello, a su vez, conseguía que el dolor se calmara y fuera menos intenso.

Que estúpida me sentía..
Tenía que elegir entre aguantar hasta que mi cuerpo dejara de tener fuerzas para luchar o tener las manos escondidas por los cortes y las heridas.. Y todo esto empezó, por el simple hecho de que alguien que sin saber porqué me tenía asco, comenzara a hundirme hasta hacerme sentir una mierda.. y que consiguió que eso fuera lo único que conseguiera hacerme sentir mejor.
Cúter, cuchilla, filo de sacapuntas, un cristal roto.. todo valía si así se unía un corte más a mi piel. Todo valía con tal de desahogarme..

Después de acabar el instituto, mis cicatrices se escondían entre las mangas largas y las excusas baratas.. Sabía como tenía que actuar, lo llevaba haciendo semanas.. ¿Porqué no un poco más?


Los cortes y las heridas nunca han desaparecido.
Por algún motivo siguen apareciendo y a día de hoy, siguen a mi lado.
Ahora las cicatrices son tapadas con muñequeras, para no ver todo el dolor, para no sentir todo lo que pesan..

¿Porqué de este texto? Te preguntarás.
No sabes lo que duele verte las cicatrices, dando explicaciones absurdas para no tener que decir la puta verdad y que te traten de loca.
No sabes lo que duele prometer que no lo vas a hacer más y acabas rompiendo la promesa que un día hiciste.
No sabes lo que duele vértelas en el espejo antes de ducharte y recordarlas una y otra vez.
No sabes lo duro que es ver que la gente que tú quieres las tiene que ver.
No sabes lo duro que es ver como te cogen la muñeca para observarlas tan sólo unos segundos y enseñarlas para que vean que no hay nada nuevo.
Y sobre todo, lo duro que es coger la cuchilla, colocándola en tu piel, sabiendo que está mal lo que haces, pero que necesitas hacerlo para no acabar peor..

Es muy triste que la única manera de hacerte sentir mejor, es la misma que hace que te enfades contigo misma, que te puedas llegar a odiar, pero que lo tienes que hacer para no pensar en acabar bajo tierra mandando a la mierda todo.
Los cortes, las heridas y las cicatrices duelen mucho, y me pesan aún más. Porque sé que en algún momento, alguien ha sufrido viéndomelas. No necesito que me vengan con cabreos y enfados porque sólo me hace más daño.


Intento no hacerlo, pero el dolor y la rabia me gana y la bestia sale a hacer el daño que tanto le gusta.
Así que, antes de terminar esto..
Si algún día las ves, sólo abrázame.

2 comentarios: