Una de las cosas más duras que le puede pasar a alguien a nivel muy personal, es que sin duda, que su sonrisa desaparezca.
Que ya no brillen esos labios al sonreír, ni encontrar luz en esa mirada risueña.
Es duro sentir que te han hundido tanto, que han llegado a conseguir que desaparezca. Y sí, sigues sonriendo, pero no es tu sonrisa la que sale; es una sonrisa falsa, una sonrisa de paso.
Sin embargo, una de las cosas más bonitas que te puede llegar a ocurrir, es que esa sonrisa que estaba desaparecida, vuelva a aparecer.
Y cuando te miras al espejo y sonríes, sabes que ahí está, brillando otra vez; teniendo esa luz, esa inocencia de siempre, que sonríes al mundo sin fingir, y que te sale por sí sola y lo haces porque estás bien.
Aunque, lo mejor de todo, es cuando consigues que la gente que te quiere pueda sonreír sólo porque tú lo has hecho.
Es duro ver como dejas de ser tú, para ser alguien que no conoces.
Para ser un desconocido cuando te miras al espejo por el simple hecho de que alguien quiso volver a quitarte las ganas de vivir, por las ganas de desaparecer; y cambiar tus mejores sonrisas por algo falso y sin vida.
Pero llegas a un punto en el que estás abajo, casi al borde del acantilado, y hay algo que consigue ayudarte a levantar y a volver a tener esas ganas locas de vivir.
Y un día, tras haber estado luchando durante mucho tiempo, te levantas, te miras al espejo, y por fin te reconoces.
Y cuando te reconoces, empiezas a hacer algo que nunca habías hecho; que es estar orgullosa de ti. Y aunque sea un poquito, yo lo estoy de mi.
Ya me ves otra vez, luciendo esa sonrisa que una vez perdí.
Consiguiendo que brille de nuevo, sin que aparezcan falsas sonrisas.
Volviendo a ser yo, a ser lo que era.
Volviendo a querer lo que un día me quitaron, a seguir aprendiendo de mis errores, de mis fallos, de mis golpes y de mis cicatrices.
Destapándolas de nuevo, pisando algo más fuerte, y sobre todo, sin tener miedo.
'El papel y el boli no te juzgan, no votan; tan sólo transcriben la verdad y me permiten pasar página.' (R.Barguer)
martes, 30 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
Dos mil catorce.
Un nuevo año está terminando. Queda menos para que este año quede en nuestro pasado y empieze un año más en nuestras vidas.
365 días nuevos y llenos de momentos buenos, momentos malos, mágicos, para recordar, para aprender, para olvidar, para luchar, para soñar, para vivir.
Y aunque aún quedan varias semanas, voy a permitirme echar la vista atrás.
Este año he aprendido a valorar muchas personas que tenía a mi lado, y a valorar a las nuevas que entraron en ella. He aprendido a aprender de ellas, a quererlas, a respetarlas y a valorarlas.
He aprendido a saber cual es mi límite, cuánto dolor soporto sin reventar, y cuánto mal me puede causar todo ello. He aprendido a decir que sí puedo, y que con el tiempo, lograré no tener miedo.
Este año me ha enseñado quién está a mi lado de verdad, y quien no me quiere.
Me ha enseñado que el dolor es malo, pero que te sigue haciendo fuerte, y que volverás a resurgir de nuevo una vez más y podrás a ser la que siempre has sido.
Me ha enseñado que en una amistad, no hace falta hablar para saber si reconocen cuando sonríes de verdad y cuando ocultas tu estado de ánimo.
Este año me ha seguido enseñando que las amistades verdaderas siempre vuelven, aunque traten de separarla. Me ha demostrado lo fuerte que pueden llegar a ser mi familia, y que no te van a dejar nunca.
Que mamá sigue siendo tu gran heroína; que basta con una sonrisa de tu hermana para tener un buen día; que sólo necesitas un abrazo sincero, sin palabras para sentirte a salvo.
Que sigues adorando la carcajada de papá, y que un beso de tu novio te seca las lágrimas.
Este año he visto como voy cumpliendo mis sueños, y como la gente que me importa, los cumple.
Y veo como aquellas personas a las que apoyas musicalmente, van creciendo cada día más y te sientes orgullosa por ello.
Pero también me quedan cosas para aprender.
Aún tengo que aprender que esas cicatrices no tienen porqué esconderse, que son parte de tu historia, y a quien no le guste, que no mire.
A volver a ser yo, a volver a vivir sin miedo, a volver a tener esa felicidad que tenía antes.
Aprender de toda la que quiero, que me importan, y que amo.
Toca seguir viviendo.
365 días nuevos y llenos de momentos buenos, momentos malos, mágicos, para recordar, para aprender, para olvidar, para luchar, para soñar, para vivir.
Y aunque aún quedan varias semanas, voy a permitirme echar la vista atrás.
Este año he aprendido a valorar muchas personas que tenía a mi lado, y a valorar a las nuevas que entraron en ella. He aprendido a aprender de ellas, a quererlas, a respetarlas y a valorarlas.
He aprendido a saber cual es mi límite, cuánto dolor soporto sin reventar, y cuánto mal me puede causar todo ello. He aprendido a decir que sí puedo, y que con el tiempo, lograré no tener miedo.
Este año me ha enseñado quién está a mi lado de verdad, y quien no me quiere.
Me ha enseñado que el dolor es malo, pero que te sigue haciendo fuerte, y que volverás a resurgir de nuevo una vez más y podrás a ser la que siempre has sido.
Me ha enseñado que en una amistad, no hace falta hablar para saber si reconocen cuando sonríes de verdad y cuando ocultas tu estado de ánimo.
Este año me ha seguido enseñando que las amistades verdaderas siempre vuelven, aunque traten de separarla. Me ha demostrado lo fuerte que pueden llegar a ser mi familia, y que no te van a dejar nunca.
Que mamá sigue siendo tu gran heroína; que basta con una sonrisa de tu hermana para tener un buen día; que sólo necesitas un abrazo sincero, sin palabras para sentirte a salvo.
Que sigues adorando la carcajada de papá, y que un beso de tu novio te seca las lágrimas.
Este año he visto como voy cumpliendo mis sueños, y como la gente que me importa, los cumple.
Y veo como aquellas personas a las que apoyas musicalmente, van creciendo cada día más y te sientes orgullosa por ello.
Pero también me quedan cosas para aprender.
Aún tengo que aprender que esas cicatrices no tienen porqué esconderse, que son parte de tu historia, y a quien no le guste, que no mire.
A volver a ser yo, a volver a vivir sin miedo, a volver a tener esa felicidad que tenía antes.
Aprender de toda la que quiero, que me importan, y que amo.
Toca seguir viviendo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)