Una de las cosas más duras que le puede pasar a alguien a nivel muy personal, es que sin duda, que su sonrisa desaparezca.
Que ya no brillen esos labios al sonreír, ni encontrar luz en esa mirada risueña.
Es duro sentir que te han hundido tanto, que han llegado a conseguir que desaparezca. Y sí, sigues sonriendo, pero no es tu sonrisa la que sale; es una sonrisa falsa, una sonrisa de paso.
Sin embargo, una de las cosas más bonitas que te puede llegar a ocurrir, es que esa sonrisa que estaba desaparecida, vuelva a aparecer.
Y cuando te miras al espejo y sonríes, sabes que ahí está, brillando otra vez; teniendo esa luz, esa inocencia de siempre, que sonríes al mundo sin fingir, y que te sale por sí sola y lo haces porque estás bien.
Aunque, lo mejor de todo, es cuando consigues que la gente que te quiere pueda sonreír sólo porque tú lo has hecho.
Es duro ver como dejas de ser tú, para ser alguien que no conoces.
Para ser un desconocido cuando te miras al espejo por el simple hecho de que alguien quiso volver a quitarte las ganas de vivir, por las ganas de desaparecer; y cambiar tus mejores sonrisas por algo falso y sin vida.
Pero llegas a un punto en el que estás abajo, casi al borde del acantilado, y hay algo que consigue ayudarte a levantar y a volver a tener esas ganas locas de vivir.
Y un día, tras haber estado luchando durante mucho tiempo, te levantas, te miras al espejo, y por fin te reconoces.
Y cuando te reconoces, empiezas a hacer algo que nunca habías hecho; que es estar orgullosa de ti. Y aunque sea un poquito, yo lo estoy de mi.
Ya me ves otra vez, luciendo esa sonrisa que una vez perdí.
Consiguiendo que brille de nuevo, sin que aparezcan falsas sonrisas.
Volviendo a ser yo, a ser lo que era.
Volviendo a querer lo que un día me quitaron, a seguir aprendiendo de mis errores, de mis fallos, de mis golpes y de mis cicatrices.
Destapándolas de nuevo, pisando algo más fuerte, y sobre todo, sin tener miedo.
'El papel y el boli no te juzgan, no votan; tan sólo transcriben la verdad y me permiten pasar página.' (R.Barguer)
martes, 30 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
Dos mil catorce.
Un nuevo año está terminando. Queda menos para que este año quede en nuestro pasado y empieze un año más en nuestras vidas.
365 días nuevos y llenos de momentos buenos, momentos malos, mágicos, para recordar, para aprender, para olvidar, para luchar, para soñar, para vivir.
Y aunque aún quedan varias semanas, voy a permitirme echar la vista atrás.
Este año he aprendido a valorar muchas personas que tenía a mi lado, y a valorar a las nuevas que entraron en ella. He aprendido a aprender de ellas, a quererlas, a respetarlas y a valorarlas.
He aprendido a saber cual es mi límite, cuánto dolor soporto sin reventar, y cuánto mal me puede causar todo ello. He aprendido a decir que sí puedo, y que con el tiempo, lograré no tener miedo.
Este año me ha enseñado quién está a mi lado de verdad, y quien no me quiere.
Me ha enseñado que el dolor es malo, pero que te sigue haciendo fuerte, y que volverás a resurgir de nuevo una vez más y podrás a ser la que siempre has sido.
Me ha enseñado que en una amistad, no hace falta hablar para saber si reconocen cuando sonríes de verdad y cuando ocultas tu estado de ánimo.
Este año me ha seguido enseñando que las amistades verdaderas siempre vuelven, aunque traten de separarla. Me ha demostrado lo fuerte que pueden llegar a ser mi familia, y que no te van a dejar nunca.
Que mamá sigue siendo tu gran heroína; que basta con una sonrisa de tu hermana para tener un buen día; que sólo necesitas un abrazo sincero, sin palabras para sentirte a salvo.
Que sigues adorando la carcajada de papá, y que un beso de tu novio te seca las lágrimas.
Este año he visto como voy cumpliendo mis sueños, y como la gente que me importa, los cumple.
Y veo como aquellas personas a las que apoyas musicalmente, van creciendo cada día más y te sientes orgullosa por ello.
Pero también me quedan cosas para aprender.
Aún tengo que aprender que esas cicatrices no tienen porqué esconderse, que son parte de tu historia, y a quien no le guste, que no mire.
A volver a ser yo, a volver a vivir sin miedo, a volver a tener esa felicidad que tenía antes.
Aprender de toda la que quiero, que me importan, y que amo.
Toca seguir viviendo.
365 días nuevos y llenos de momentos buenos, momentos malos, mágicos, para recordar, para aprender, para olvidar, para luchar, para soñar, para vivir.
Y aunque aún quedan varias semanas, voy a permitirme echar la vista atrás.
Este año he aprendido a valorar muchas personas que tenía a mi lado, y a valorar a las nuevas que entraron en ella. He aprendido a aprender de ellas, a quererlas, a respetarlas y a valorarlas.
He aprendido a saber cual es mi límite, cuánto dolor soporto sin reventar, y cuánto mal me puede causar todo ello. He aprendido a decir que sí puedo, y que con el tiempo, lograré no tener miedo.
Este año me ha enseñado quién está a mi lado de verdad, y quien no me quiere.
Me ha enseñado que el dolor es malo, pero que te sigue haciendo fuerte, y que volverás a resurgir de nuevo una vez más y podrás a ser la que siempre has sido.
Me ha enseñado que en una amistad, no hace falta hablar para saber si reconocen cuando sonríes de verdad y cuando ocultas tu estado de ánimo.
Este año me ha seguido enseñando que las amistades verdaderas siempre vuelven, aunque traten de separarla. Me ha demostrado lo fuerte que pueden llegar a ser mi familia, y que no te van a dejar nunca.
Que mamá sigue siendo tu gran heroína; que basta con una sonrisa de tu hermana para tener un buen día; que sólo necesitas un abrazo sincero, sin palabras para sentirte a salvo.
Que sigues adorando la carcajada de papá, y que un beso de tu novio te seca las lágrimas.
Este año he visto como voy cumpliendo mis sueños, y como la gente que me importa, los cumple.
Y veo como aquellas personas a las que apoyas musicalmente, van creciendo cada día más y te sientes orgullosa por ello.
Pero también me quedan cosas para aprender.
Aún tengo que aprender que esas cicatrices no tienen porqué esconderse, que son parte de tu historia, y a quien no le guste, que no mire.
A volver a ser yo, a volver a vivir sin miedo, a volver a tener esa felicidad que tenía antes.
Aprender de toda la que quiero, que me importan, y que amo.
Toca seguir viviendo.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Cicatrices.
Escribo estas líneas mientras con la otra mano sujeto la cuchilla que alguien me regaló hace algunos meses.
Escribo estas líneas mientras mi mente vuelve a recordar cada lágrima derramada cuando ella se unía a mi piel.
Escribo estas líneas mientras ellas asoman tímidamente por mis mangas, recordándome una vez más aquel dolor..
Aún recuerdo esa primera vez, hace siete años.
Yo, con dieciséis, rota de dolor, con ganas de desaparecer, sin motivos para seguir luchando y echa un par de lágrimas, recurrió a un cúter mal afilado que guardaba en el escritorio.
Las primeras gotas asomaban y un mar de tranquilidad asomó por mi rostro, hasta que esas lágrimas desaparecieron.
No conseguía averiguar porqué no les caía bien, no averiguaba porqué no querían conocerme.. pero aquel corte consiguió que ese miedo desapareciera.
Un día fue un corte, al día siguiente fueron tres, después cuatro.. y mi muñeca comenzó a ser un lugar en el que podías encontrar pequeños caminos de dolor transformados en cortes. Cortes que meses después desaparecieron, y con ellos el curso..
Dos años después volvió a suceder.. La cuchilla volvió a mi, y esta vez ni mi propio yo tenía el control para parar ese dolor.
Pronto los cortes en la muñeca se unieron a las heridas que yacían en mis manos. Mi mano izquierda pasó a ser una mano herida. Y a eso, le añadía las palizas que mis nudillos le daban a la pared hasta hacerme sangrar.. Pero todo ello, a su vez, conseguía que el dolor se calmara y fuera menos intenso.
Que estúpida me sentía..
Tenía que elegir entre aguantar hasta que mi cuerpo dejara de tener fuerzas para luchar o tener las manos escondidas por los cortes y las heridas.. Y todo esto empezó, por el simple hecho de que alguien que sin saber porqué me tenía asco, comenzara a hundirme hasta hacerme sentir una mierda.. y que consiguió que eso fuera lo único que conseguiera hacerme sentir mejor.
Cúter, cuchilla, filo de sacapuntas, un cristal roto.. todo valía si así se unía un corte más a mi piel. Todo valía con tal de desahogarme..
Después de acabar el instituto, mis cicatrices se escondían entre las mangas largas y las excusas baratas.. Sabía como tenía que actuar, lo llevaba haciendo semanas.. ¿Porqué no un poco más?
Los cortes y las heridas nunca han desaparecido.
Por algún motivo siguen apareciendo y a día de hoy, siguen a mi lado.
Ahora las cicatrices son tapadas con muñequeras, para no ver todo el dolor, para no sentir todo lo que pesan..
¿Porqué de este texto? Te preguntarás.
No sabes lo que duele verte las cicatrices, dando explicaciones absurdas para no tener que decir la puta verdad y que te traten de loca.
No sabes lo que duele prometer que no lo vas a hacer más y acabas rompiendo la promesa que un día hiciste.
No sabes lo que duele vértelas en el espejo antes de ducharte y recordarlas una y otra vez.
No sabes lo duro que es ver que la gente que tú quieres las tiene que ver.
No sabes lo duro que es ver como te cogen la muñeca para observarlas tan sólo unos segundos y enseñarlas para que vean que no hay nada nuevo.
Y sobre todo, lo duro que es coger la cuchilla, colocándola en tu piel, sabiendo que está mal lo que haces, pero que necesitas hacerlo para no acabar peor..
Es muy triste que la única manera de hacerte sentir mejor, es la misma que hace que te enfades contigo misma, que te puedas llegar a odiar, pero que lo tienes que hacer para no pensar en acabar bajo tierra mandando a la mierda todo.
Los cortes, las heridas y las cicatrices duelen mucho, y me pesan aún más. Porque sé que en algún momento, alguien ha sufrido viéndomelas. No necesito que me vengan con cabreos y enfados porque sólo me hace más daño.
Intento no hacerlo, pero el dolor y la rabia me gana y la bestia sale a hacer el daño que tanto le gusta.
Así que, antes de terminar esto..
Si algún día las ves, sólo abrázame.
Escribo estas líneas mientras mi mente vuelve a recordar cada lágrima derramada cuando ella se unía a mi piel.
Escribo estas líneas mientras ellas asoman tímidamente por mis mangas, recordándome una vez más aquel dolor..
Aún recuerdo esa primera vez, hace siete años.
Yo, con dieciséis, rota de dolor, con ganas de desaparecer, sin motivos para seguir luchando y echa un par de lágrimas, recurrió a un cúter mal afilado que guardaba en el escritorio.
Las primeras gotas asomaban y un mar de tranquilidad asomó por mi rostro, hasta que esas lágrimas desaparecieron.
No conseguía averiguar porqué no les caía bien, no averiguaba porqué no querían conocerme.. pero aquel corte consiguió que ese miedo desapareciera.
Un día fue un corte, al día siguiente fueron tres, después cuatro.. y mi muñeca comenzó a ser un lugar en el que podías encontrar pequeños caminos de dolor transformados en cortes. Cortes que meses después desaparecieron, y con ellos el curso..
Dos años después volvió a suceder.. La cuchilla volvió a mi, y esta vez ni mi propio yo tenía el control para parar ese dolor.
Pronto los cortes en la muñeca se unieron a las heridas que yacían en mis manos. Mi mano izquierda pasó a ser una mano herida. Y a eso, le añadía las palizas que mis nudillos le daban a la pared hasta hacerme sangrar.. Pero todo ello, a su vez, conseguía que el dolor se calmara y fuera menos intenso.
Que estúpida me sentía..
Tenía que elegir entre aguantar hasta que mi cuerpo dejara de tener fuerzas para luchar o tener las manos escondidas por los cortes y las heridas.. Y todo esto empezó, por el simple hecho de que alguien que sin saber porqué me tenía asco, comenzara a hundirme hasta hacerme sentir una mierda.. y que consiguió que eso fuera lo único que conseguiera hacerme sentir mejor.
Cúter, cuchilla, filo de sacapuntas, un cristal roto.. todo valía si así se unía un corte más a mi piel. Todo valía con tal de desahogarme..
Después de acabar el instituto, mis cicatrices se escondían entre las mangas largas y las excusas baratas.. Sabía como tenía que actuar, lo llevaba haciendo semanas.. ¿Porqué no un poco más?
Los cortes y las heridas nunca han desaparecido.
Por algún motivo siguen apareciendo y a día de hoy, siguen a mi lado.
Ahora las cicatrices son tapadas con muñequeras, para no ver todo el dolor, para no sentir todo lo que pesan..
¿Porqué de este texto? Te preguntarás.
No sabes lo que duele verte las cicatrices, dando explicaciones absurdas para no tener que decir la puta verdad y que te traten de loca.
No sabes lo que duele prometer que no lo vas a hacer más y acabas rompiendo la promesa que un día hiciste.
No sabes lo que duele vértelas en el espejo antes de ducharte y recordarlas una y otra vez.
No sabes lo duro que es ver que la gente que tú quieres las tiene que ver.
No sabes lo duro que es ver como te cogen la muñeca para observarlas tan sólo unos segundos y enseñarlas para que vean que no hay nada nuevo.
Y sobre todo, lo duro que es coger la cuchilla, colocándola en tu piel, sabiendo que está mal lo que haces, pero que necesitas hacerlo para no acabar peor..
Es muy triste que la única manera de hacerte sentir mejor, es la misma que hace que te enfades contigo misma, que te puedas llegar a odiar, pero que lo tienes que hacer para no pensar en acabar bajo tierra mandando a la mierda todo.
Los cortes, las heridas y las cicatrices duelen mucho, y me pesan aún más. Porque sé que en algún momento, alguien ha sufrido viéndomelas. No necesito que me vengan con cabreos y enfados porque sólo me hace más daño.
Intento no hacerlo, pero el dolor y la rabia me gana y la bestia sale a hacer el daño que tanto le gusta.
Así que, antes de terminar esto..
Si algún día las ves, sólo abrázame.
sábado, 25 de octubre de 2014
Caer, luchar y resurgir.
Quizá aún no haya tocado fondo.
Quizá aún no esté preparada para tocarlo.
Quizá tenga miedo de las consecuencias que puede haber si lo hago.
O quizá sea el hecho de que ya lo estoy tocando pero no quiero abrir los ojos para no ver la realidad.
Quizá ya lo toqué y estoy volviendo a resurgir.
Quizá ésta vez no lo tenga que tocar.
Quizá no sea mi momento.
Quizá la vida me prepara para algo más duro.
O quizá no quiere que lo toque y sea ella la que me lo esté impidiendo.
Quizá ésta vez no haya fondo y sea un infinito.
Quizá esté más cerca de lo que el mundo cree que estoy.
Quizá ésto sea fruto de un sueño del que tengo que despertar.
Quizá tengo que tocarla sola.
Quizá tenga que tocarlo con alguien.
Quizá primero sea yo la mano que ayude, para después ser yo la ayudada.
Quizá si caigo es para no volver a levantarme.
Quizá ésto sólo se quede en palabras.
O quiza ésto sea sólo el principio de mi caída.
Sea de la manera que sea, y tarde lo que tarde, lo descubriré.
Sigo caminando con gente a mi lado.
Sigo creciendo como persona y sigo luchando.
Y lucharé hasta que ya no me queden fuerzas.
Hasta que mi última bocanada de aire sea la más profunda.
Lucharé hasta que ya no me quede sangre en mi interior.
Lucharé hasta que mi alma se vuelva tan oscura que ni el propio color negro pueda definirla.
Y seguiré luchando hasta que mi propio ser deje de confiar en mi.
Lucharé hasta que mis rodillas no puedan con todo este peso.
Lucharé hasta que mi familia deje de creer en mi.
Lucharé hasta desfallecer.
Lucharé hasta morir.
Quizá aún no esté preparada para tocarlo.
Quizá tenga miedo de las consecuencias que puede haber si lo hago.
O quizá sea el hecho de que ya lo estoy tocando pero no quiero abrir los ojos para no ver la realidad.
Quizá ya lo toqué y estoy volviendo a resurgir.
Quizá ésta vez no lo tenga que tocar.
Quizá no sea mi momento.
Quizá la vida me prepara para algo más duro.
O quizá no quiere que lo toque y sea ella la que me lo esté impidiendo.
Quizá ésta vez no haya fondo y sea un infinito.
Quizá esté más cerca de lo que el mundo cree que estoy.
Quizá ésto sea fruto de un sueño del que tengo que despertar.
Quizá tengo que tocarla sola.
Quizá tenga que tocarlo con alguien.
Quizá primero sea yo la mano que ayude, para después ser yo la ayudada.
Quizá si caigo es para no volver a levantarme.
Quizá ésto sólo se quede en palabras.
O quiza ésto sea sólo el principio de mi caída.
Sea de la manera que sea, y tarde lo que tarde, lo descubriré.
Sigo caminando con gente a mi lado.
Sigo creciendo como persona y sigo luchando.
Y lucharé hasta que ya no me queden fuerzas.
Hasta que mi última bocanada de aire sea la más profunda.
Lucharé hasta que ya no me quede sangre en mi interior.
Lucharé hasta que mi alma se vuelva tan oscura que ni el propio color negro pueda definirla.
Y seguiré luchando hasta que mi propio ser deje de confiar en mi.
Lucharé hasta que mis rodillas no puedan con todo este peso.
Lucharé hasta que mi familia deje de creer en mi.
Lucharé hasta desfallecer.
Lucharé hasta morir.
viernes, 3 de octubre de 2014
Mi gran amiga.
Ella, tan dulce y a la vez tan amarga.
Aquella, a la que queremos y a la que a su vez despreciamos.
Aquella, que en muchas ocasiones ha sido una gran amiga y en muchas otras, ha sido mi mayor enemiga.
Aquella, que me da lo que necesito en todo momento, y no se aparta de mi lado aunque se lo ordene.
Aquella, que ha contemplado cada lágrima de dolor, de desesperación; cada gota de sangre, cada noche en las que estaba apoyada en la ventana viendo las horas pasar sin más, en absoluto silencio.
Aquella, que ha visto como resurgía una y otra vez de los desechos que quedaban de ese corazón absolutamente roto.
Aquella, que ha visto como ese corazón roto se volvía a ir uniendo a base de constancia y fuerza.
Aquella, que iba conmigo de la mano cuando yo no quería estar con nadie.
Ella, que muchas veces ha sido la única que ha confiado plenamente en mí.
Aquella, que me repetía una y otra vez que jamás me tenía que rendir; que no tenía que tirar la toalla, que tenía que persistir y no abandonar.
Ha sido mi parte positiva en muchas ocasiones de mi vida, pero también ha sido la que ha sacado la peor parte de mí.
Es aquella que a pesar de no estar ni sentirme sola, sigue a mi lado para ir de la mano con ella cuando yo lo necesite.
Aquella que me puede dar todo lo malo, pero también todo lo bueno.
Esa de la que tanto hablo; mi gran amiga la soledad.
Aquella, a la que queremos y a la que a su vez despreciamos.
Aquella, que en muchas ocasiones ha sido una gran amiga y en muchas otras, ha sido mi mayor enemiga.
Aquella, que me da lo que necesito en todo momento, y no se aparta de mi lado aunque se lo ordene.
Aquella, que ha contemplado cada lágrima de dolor, de desesperación; cada gota de sangre, cada noche en las que estaba apoyada en la ventana viendo las horas pasar sin más, en absoluto silencio.
Aquella, que ha visto como resurgía una y otra vez de los desechos que quedaban de ese corazón absolutamente roto.
Aquella, que ha visto como ese corazón roto se volvía a ir uniendo a base de constancia y fuerza.
Aquella, que iba conmigo de la mano cuando yo no quería estar con nadie.
Ella, que muchas veces ha sido la única que ha confiado plenamente en mí.
Aquella, que me repetía una y otra vez que jamás me tenía que rendir; que no tenía que tirar la toalla, que tenía que persistir y no abandonar.
Ha sido mi parte positiva en muchas ocasiones de mi vida, pero también ha sido la que ha sacado la peor parte de mí.
Es aquella que a pesar de no estar ni sentirme sola, sigue a mi lado para ir de la mano con ella cuando yo lo necesite.
Aquella que me puede dar todo lo malo, pero también todo lo bueno.
Esa de la que tanto hablo; mi gran amiga la soledad.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Historia de una sonrisa.
Había una vez, una sonrisa que un día desapareció sin dejar rastro alguno y sin despedirse.
Según decían, a veces era tan fuerte que hasta la lágrima de tristeza más profunda conseguía sonreír al verla, y cuando ésta no aparecía, todo era normalidad.
Pero lo que sufría nadie lo sabía, y con el paso del tiempo y de los golpes, se fue marchitando, dando lugar a sonrisas que guardaban lágrimas.
Dando lugar a sonrisas que guardaban dolor, tristeza y mucha soledad. Sonrisas falsas, sonrisas sin vida, sonrisas sin ganas de sonreír.
Un día, y tras mucho tiempo peleando, había regresado, y ésta vez más fuerte que nunca.
Cuando realmente salía, conseguía hacer reír hasta la estrella más pequeñita del firmamento y cuando lo hacía, brillaba muchísimo más fuerte que antes.
Había veces que ella no quería salir, y por no querer hacer sufrir ni llorar a nadie, se ponía una capa y fingía que era fuerte y que no pasaba nada, y actuaba tan bien que el resto no dejaba de sonreír.
Pero un día, esa sonrisa volvió a dejar de brillar; volvió a esconderse, dejando paso a las lágrimas y al dolor. Esta vez había algo diferente, esta vez no tenía que fingir algo que no era, porque esta vez no estaba sola.
Ese muro en que la sonrisa se escondía dejo paso a muchas sonrisas que iban a ayudarla, algunas más especiales que otras, pero seguían todas a su lado.
Y con el paso del tiempo, no se ha sentido sola en ningún momento, a pesar de que los kilómetros se puedan interponer entre ellas. Y esta vez, sabe que no luchaba sola y así se han encargado de que lo viera.
A pesar de que el dolor sigue estando, ella a veces ya va brillando con luz propia, sin fingir y con ganas. Hay veces que brilla por mérito propio, a veces porque la ayudan.
Y en esas ayudas, en esas caídas es cuando se destacan algunas que a pesar todo lo malo que ha podido pasar, nunca la han abandonado y han seguido junto a ella.
¿Lo más duro de todo? Saber que llegué a perderla otra vez, que llegué a esconderla y fingirla hasta el punto en que ya no sabía cual era una sonrisa de verdad y cual no.
Pero la sonrisa vuelve, y poco a poco sigue volviendo todo a su cauce.
Según decían, a veces era tan fuerte que hasta la lágrima de tristeza más profunda conseguía sonreír al verla, y cuando ésta no aparecía, todo era normalidad.
Pero lo que sufría nadie lo sabía, y con el paso del tiempo y de los golpes, se fue marchitando, dando lugar a sonrisas que guardaban lágrimas.
Dando lugar a sonrisas que guardaban dolor, tristeza y mucha soledad. Sonrisas falsas, sonrisas sin vida, sonrisas sin ganas de sonreír.
Un día, y tras mucho tiempo peleando, había regresado, y ésta vez más fuerte que nunca.
Cuando realmente salía, conseguía hacer reír hasta la estrella más pequeñita del firmamento y cuando lo hacía, brillaba muchísimo más fuerte que antes.
Había veces que ella no quería salir, y por no querer hacer sufrir ni llorar a nadie, se ponía una capa y fingía que era fuerte y que no pasaba nada, y actuaba tan bien que el resto no dejaba de sonreír.
Pero un día, esa sonrisa volvió a dejar de brillar; volvió a esconderse, dejando paso a las lágrimas y al dolor. Esta vez había algo diferente, esta vez no tenía que fingir algo que no era, porque esta vez no estaba sola.
Ese muro en que la sonrisa se escondía dejo paso a muchas sonrisas que iban a ayudarla, algunas más especiales que otras, pero seguían todas a su lado.
Y con el paso del tiempo, no se ha sentido sola en ningún momento, a pesar de que los kilómetros se puedan interponer entre ellas. Y esta vez, sabe que no luchaba sola y así se han encargado de que lo viera.
A pesar de que el dolor sigue estando, ella a veces ya va brillando con luz propia, sin fingir y con ganas. Hay veces que brilla por mérito propio, a veces porque la ayudan.
Y en esas ayudas, en esas caídas es cuando se destacan algunas que a pesar todo lo malo que ha podido pasar, nunca la han abandonado y han seguido junto a ella.
¿Lo más duro de todo? Saber que llegué a perderla otra vez, que llegué a esconderla y fingirla hasta el punto en que ya no sabía cual era una sonrisa de verdad y cual no.
Pero la sonrisa vuelve, y poco a poco sigue volviendo todo a su cauce.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Los buenos siempre ganan.
Me he cansado de fingir sonrisas, de llorar a escondidas y de tenerte tanto miedo.
Me he cansado de mirar al espejo y decir "pobre de mí".. Me he cansado de echarme la culpa y de sentir que fue por mi, porque sé que no es así.
Me he cansado de salir a la calle y que ese miedo me acompañe por cada rincón deseando que no estés allí.
Me he cansado de tener que preocupar al mundo por mis putos cambios de humor; me he cansado de ver a mamá triste cada vez que lo hablo con ella por culpa tuya, me he cansado de odiarme cada maldito día por no haberme espabilado antes.
Me he cansado de quererme menos, de recordar el dolor que causaste en mí, de recordar cada lágrima derramada cada vez que lo recordaba. Me he cansado de pensar en como me sentía la mayor mierda del mundo.
Me he cansado de recordar todo y volver para abajo, costándome subir cada vez más.
He llegado a negarme a mí misma que no estaba pasando, que no podía ser posible, que era una pesadilla de la cual me tuvieron que despertar para obligarme a abrir los ojos.
Y recordar todo el daño que mi corazón ha recibido, y que ese daño y ese dolor fuera el alimento de la bestia que llevo en mi interior pesa.. Y mucho.
Pero.. Todas las partes malas, tienen una buena.
Porque ahora, es cuando la protagonista de esta historia saca fuerzas de lo más profundo de su alma para coger el último impulso.
Sé que siempre me va a doler, que esa cicatriz va a quedar marcada y va a estar siempre presente, pero poco a poco y con el tiempo, se va a ir curando del todo y volverá a sacar su mejor y más plena sonrisa.
Volveré a quererme, y esta vez, lo haré como realmente merezco quererme.
Volveré a hacer reír a esas personas que han visto lo hundida que estaba y han recogido mis trozos para pegarlos poco a poco.
Conseguiré aparcar ese miedo tan terrible para dejarlo sólo y salir a la calle sin él.
Dejaré de echarme la culpa, dejaré de odiarme y dejaré de recordar ese dolor que tanto me ha llegado y me llega a consumir.
Llegará el día en que pueda hablar de esto sin lágrimas en los ojos, y sin que me queme por dentro.
Seguiré luchando para pasar esto, porque no lucho sola.
En esta guerra nunca he luchado sola, y ya no lucharé nunca más sola.
Llegará un día en el que pueda mirar a los ojos de la gente que quiero y pueda decirles que lo he superado. Llegará ese día en el que les mire y vea en sus ojos que están orgullosos de mí.
Pero sobre todo, llegará ese día en el que mire en el espejo, me tenga delante y sea yo misma la que esté orgullosa de mí y pueda decir con la boca bien llena que te superé, y te gané.
Me he cansado de mirar al espejo y decir "pobre de mí".. Me he cansado de echarme la culpa y de sentir que fue por mi, porque sé que no es así.
Me he cansado de salir a la calle y que ese miedo me acompañe por cada rincón deseando que no estés allí.
Me he cansado de tener que preocupar al mundo por mis putos cambios de humor; me he cansado de ver a mamá triste cada vez que lo hablo con ella por culpa tuya, me he cansado de odiarme cada maldito día por no haberme espabilado antes.
Me he cansado de quererme menos, de recordar el dolor que causaste en mí, de recordar cada lágrima derramada cada vez que lo recordaba. Me he cansado de pensar en como me sentía la mayor mierda del mundo.
Me he cansado de recordar todo y volver para abajo, costándome subir cada vez más.
He llegado a negarme a mí misma que no estaba pasando, que no podía ser posible, que era una pesadilla de la cual me tuvieron que despertar para obligarme a abrir los ojos.
Y recordar todo el daño que mi corazón ha recibido, y que ese daño y ese dolor fuera el alimento de la bestia que llevo en mi interior pesa.. Y mucho.
Pero.. Todas las partes malas, tienen una buena.
Porque ahora, es cuando la protagonista de esta historia saca fuerzas de lo más profundo de su alma para coger el último impulso.
Sé que siempre me va a doler, que esa cicatriz va a quedar marcada y va a estar siempre presente, pero poco a poco y con el tiempo, se va a ir curando del todo y volverá a sacar su mejor y más plena sonrisa.
Volveré a quererme, y esta vez, lo haré como realmente merezco quererme.
Volveré a hacer reír a esas personas que han visto lo hundida que estaba y han recogido mis trozos para pegarlos poco a poco.
Conseguiré aparcar ese miedo tan terrible para dejarlo sólo y salir a la calle sin él.
Dejaré de echarme la culpa, dejaré de odiarme y dejaré de recordar ese dolor que tanto me ha llegado y me llega a consumir.
Llegará el día en que pueda hablar de esto sin lágrimas en los ojos, y sin que me queme por dentro.
Seguiré luchando para pasar esto, porque no lucho sola.
En esta guerra nunca he luchado sola, y ya no lucharé nunca más sola.
Llegará un día en el que pueda mirar a los ojos de la gente que quiero y pueda decirles que lo he superado. Llegará ese día en el que les mire y vea en sus ojos que están orgullosos de mí.
Pero sobre todo, llegará ese día en el que mire en el espejo, me tenga delante y sea yo misma la que esté orgullosa de mí y pueda decir con la boca bien llena que te superé, y te gané.
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