jueves, 5 de enero de 2017

¿Qué es lo que piensas cuando estás frente al espejo?

Reconozco que el espejo siempre me ha dado miedo.
He pasado unos 10 años de mi vida temiendo al reflejo que en él veía como cuando un cachorro se ve en el espejo por primera vez.

Me he visto un monstruo, alguien débil, alguien que tenía que estar en el mundo por estar, alguien oscura, alguien podrida, e incluso llegué a ver a alguien sin sentimientos.
He visto salir toda la rabia, llorar frente a él, intentar hablar al reflejo con seguridad para poder comerme el mundo, lo he manchado de lágrimas, lo he limpiado de malos recuerdos, e incluso le he gritado.
He estado días escondiéndome de ellos por no ver "los kilos de más."
Los he tapado por no ver al ser que en él habitaba, les he dado la vuelta.. Aunque nunca he roto uno, y espero no hacerlo nunca. Le he sonreído, y me ha devuelto la sonrisa, me he maquillado y desmaquillado..
Le he cantado, como si supiera cantar, me he aprendido letras frente a él, he escrito en él el nombre de alguien a quien quería, e incluso ha caído alguna foto poniendo "morritos".

Sinceramente, le he tenido verdadero pánico al espejo.
Pánico o terror, como quieras llamarlo, pero al fin y al cabo, se puede resumir en miedo; y mucho.
No sabía el pánico que le podía coger a tu propio reflejo, y el odio y la rabia que puedes acumular junto a él. Hasta que lo descubrí.
Hoy en día creo que vivo en una guerra constante contra él.
Algunas veces más fácil, otras veces más difícil, algunas ligeras, y otras veces pesadas..
Pero a fin de cuentas, es algo que siempre te va a acompañar.

El espejo marca tu verdadero reflejo, y es algo a lo que te tienes que acostumbrar, porque es para toda la vida. Y, aunque yo a veces tenga esa pelea interna contra él, a día de hoy hay una cosa que ha cambiado: Ya no le tengo pánico.
No le temo. Sólo el miedo intenta apoderarse de mi cuando tengo un mal día, pero puedo volver a gritar de felicidad o de tristeza, cantar, bailar, observar y llorar sin tener una pizca de pánico.

Así que, a ti que me lees:
¿Qué es lo que piensas de ti cuando te miras en el espejo?.

jueves, 11 de agosto de 2016

Game over.

He sido una montaña rusa de pensamientos y sentimientos.
A la mañana me reía hasta que me dolía el estómago, a la tarde te odiaba con todas mi fuerzas, y a la noche.. simplemente lloraba.
He caído treinta veces, pero me levantaba 40 veces más, buscando con ansia ese momento en el que pudiera parar, para poder así quitarme ese peso del pecho que me impedía respirar, que me ahogaba y me trataba de hundir.
Buscaba ese aliento, esa burbuja que me llevara a la cima de aquella luz que brillaba tan fuerte y conseguía cegarme, pero siempre me encontraba con algo que se disfrazaba de ancla y que debía de arrastrar conmigo para no caer del todo.
Siempre me encontraba a un palmo del suelo, nunca llegaba a tocarlo pero siempre caía un centímetro más. Me encontraba levitando entre el dolor y el bonito final que yo creía que merecía.

Tuve miedo de llegar a tocarlo, miedo de mi, incluso miedo de mi sombra y de mi propio reflejo.
Evitaba espejos por no ver al monstruo que en él aparecía, porque no quería enfrentarme a él.
Me resultaba más fácil no girar mi cabeza hacia aquel espejo y no solucionar ese problema.
Temblaba cada vez que tenía que verme desnuda cuando me iba a la ducha. Me hacía más de diez fotos buscando la mejor sonrisa, y escondía mis lágrimas usando como excusa a mi querida alergia.
No soportaba la idea de pensar en cómo mi madre, mi hermana o mis mejores amigos me podían ver. Imaginarme en su mirada y en lo que podían sentir; en si les avergonzaba, o si les daba asco, miedo o pena.. Sólo eso me aterraba.
Sentía que era lo peor del mundo, aunque irónicamente sabía que no.
Llegué a sentir vergüenza de lo que había en mi, de mi persona y de lo "bajo" que había caído.


Pero todo eso cambió.
Con esfuerzo, ayuda, ganas (muchas ganas), fuerza, fe y esperanza volví a escalar.
Subía cada día un peldaño, y cuando sentía que era un poquito más fuerte, subía dos. Así, hasta que conseguía subir de tres en tres. Por el camino encontraba piedras que hacían que dudara, llorara y estuviera triste, pero aún así, seguía.

Y empecé a ponerme metas.
Quería que las personas que más quería en el mundo, las que tanto habían sufrido por mi culpa, se sintieran orgullosas de este ser.
Quería mirarme al espejo, cantar frente a él cuando me secaba el pelo, poder vestirme sin esconder la mirada, no llorar entre sonrisas, no sentirme tan mal cuando veía aquellos errores cometidos, poder ser yo de nuevo, poder disfrutar de mi y que disfrutaran conmigo.
No quería ser esa, no era yo.

Meses después, me quiero.
Me ha costado tres años, pero por fin me quiero.
Sin necesidad de cambiar nada, y poco a poco aceptando mi físico.
Estoy orgullosa del camino que he recorrido, de lo que he conseguido, y de lo que aún estoy haciendo.
Me miro al espejo y ya no tengo miedo, no tiemblo y puedo jugar con el secador y mi reflejo.

Gané aquella batalla llena de errores que han conseguido que vuelva a tener esa fe en mi, y tener a mi lado a los de verdad.
A los que han luchado, a los que no se han ido, y a los que, a pesar de ver a aquel monstruo, no han tenido miedo y han peleado junto a mi.

Gala volvió, y dice que se queda.

martes, 31 de mayo de 2016

He ganado.

Esta es la carta que no lleva tu nombre.
La carta que nunca te escribiré.
Las palabras que nunca te dedicaré.
Las frases que nunca leerás, y el texto que nunca será para ti.

Tampoco sentirás la rabia que no existirá, ni el odio que te merecerás.
Ni verás en mis ojos el dolor que me crearás, no verás lágrimas que lleven tu nombre.
Y la razón es muy sencilla: Simplemente no te lo mereces.
No eres digno de una carta de despedida en la que te explique algo que no tienes, como son los sentimientos.
No mereces una carta en la que malgaste mi tiempo y mi tinta escribiendo tu nombre.
Ni siquera mereces un adiós.

Y si estoy haciendo esto, si estoy escribiendo estas palabras, por supuesto que no es por ti. Únicamente es por mi.
Porque ésto nunca será una página olvidada en un cuaderno viejo, pero podrá ser una página que pueda leer sin que los fantasmas que tú creaste quieran acabar conmigo.
Así que, allá va.


Me rompiste. Me destrozaste.
Cogiste mi interior y lo desgarraste sin piedad ninguna.
Destruiste todo lo que había estado construyendo durante años. Todo aquello lo machacaste, cogiste mis sentimientos, mi corazón y mi alma y lo dejaste por los suelos.
Volví a enterrar mi fuerza, todo mi ser y encerré a mi verdadero yo en un cajón para no debilitarme más de lo que ya estaba.
Conseguiste lo que hace tiempo nadie había conseguido: Hacerme daño, sentir asco hacia mi persona y volver a odiarme.
Así que volví a estar con Ella para que todo doliera. Subí mis muros, los reforzé y me escondí detrás de ellos para llorar hasta que la poca fuerza que me quedaba se durmiera.
Pasaba los días entre ahogos, pesadillas, dolor y rabia. Luchando cada día por sobrevivir, apoyándome en los que realmente estuvieron desde el inicio, viendo como ellos sufrían por mi..
Buscaba con desesperación ese impulso, ese momento en el que todo esto dejara de doler y se convirtiera en otro capítulo más de mi vida en el que poder coger experiencia.

Pero en toda esta historia que tú mismo creaste, cometiste un gran error.
Tenías fe en que no iba a poder con todo esto y que no iba a salir; dudabas de mi capacidad para superar todo ese dolor y.. te equivocabas.
Lo único que has conseguido ha sido hacerme más fuerte, hacer que tenga más ganas de salir al campo de batalla y luchar.
Porque una cosa estaba clara; me habías destruído, pero no habías acabado conmigo y es algo que no ibas a conseguir.

He tardado dos años de mi vida en poder terminar esto, pero al fin está acabado.
Y aunque este capítulo no se cierre para siempre, al menos podré abrirlo sin temor a que esos fantasmas se apropien de mi.

Eh, he vuelto a ganar.

lunes, 22 de febrero de 2016

Todo acabó.

Me enamoré de ti, de tu sonrisa, y de tu forma de ser. De cómo me sentía a tu lado.
De esos ojos azules profundos que me encantaba mirar y de tus caricias.
Me enamoré de tu nombre, de tu olor, de tu respiración. De la felicidad que desprendíamos cuando nos abrazábamos. De aquel banco. De nuestro primer beso. De nuestras fechas. De nuestro sueño.

Me enamoré de nuestro primer viaje donde me enseñaste mundo, aunque yo ya lo tuviera delante.
De aquellas playas en las que íbamos de la mano. De cómo disfrutabas cuando no había nada más que nosotros.
Me enamoré de de nuestras fotos, de tus historias, de nuestras memorias.
Me enamoré de nuestro "siete". Me enamoré de la forma de quererte.
Me enamoré de tu piel, y de como se fundía con la mía entre besos y risas.
De cuando dedicábamos tiempo al sexo sin mirar reloj, ni hora.
Me enamoré.. Hasta que todo se volvió a romper.

No pasaba ni un sólo día que no pensara en ese daño que tú también has sufrido. Y me invade la tristeza por saber que lo sufrido, ni se ha hablado, ni se ha dicho.
Intenté que lo hablaras conmigo, que explotaras, sin excusas ni entrecortes; sólo preguntas y sólo nosotros.
Intenté por todos los medios solucionar nuestros problemas, algo que me sigue doliendo aunque poco a poco siga pasando página.
Pero preferiste no hablar, o contárselo a alguien que ni conocías antes que hablarlo conmigo.
Y cada vez que lo intentaba solucionar, metías excusas que cada vez dolían más.
Nos faltó comernos el orgullo y poner una solución, y nos falló la comunicación.

No tomes esto como una carta de despedida, simplemente tómalo como una salida, esperando que ésto se cure y no duela más.
Aunque sigo pensando qué es lo que hice mal para que ni siquiera quisieras hablar, y pensando en lo que pudo pasar y no pasó.
No hay rencor, te lo aseguro. Sólo duele y quema, pero yo no me quedo con el remordimiento de que no luché lo que pude.. Y en aquella conversación que nunca existió sólo había una persona y se necesitaban dos.
Te quedaste cuando pudiste irte, eso es cierto y lo he dicho mil veces, pero no estando cuando te necesitaba es como si no estuvieras..
Y de verdad amor, me puse en tu lugar, en tu dolor, en tu rabia y en tu odio.. Pero al revés.. creo que nunca pasó.

Sólo me queda volver a luchar y salir, como siempre, y quedarme con los recuerdos buenos cuando ya no duela pensarlos.
Por mi parte.. Estaré bien, te lo prometo.

miércoles, 20 de enero de 2016

Un día, llegará esa luz, y todo acabará.

Creo que la manera correcta de empezar de empezar este texto, sería:

¿Qué es el bullying?
Es un anglicismo que NO forma parte de la RAE pero cuya utilización es cada vez más habitual en nuestro idioma. 
El concepto refiere al acoso escolar y a toda forma de maltrato físico, verbal y/o psicológico que se produce en la etapa escolar, de forma reiterada y a lo largo del tiempo.
(Personalmente, añadiría también "corto tiempo", puesto que también puede ocurrir.)

Bien, partiendo de esa base.
Cuando una persona comienza a recibir acoso escolar por parte de sus compañerxs de colegio/instituto puede pasar 3 cosas que todo el mundo sabe, pero que nadie ve hasta que sucede lo peor.

1. Que por suerte para la víctima, el colegio tome parte del asunto y consiga que esa víctima deje de recibir ese acoso.
2. Que esa persona continúe sufriendo ese acoso porque el colegio no tome parte del asunto y la víctima en cuestión llegue a otros niveles u otros tipos de salida tales como la autolesión.
3. Que esa persona, por el motivo que sea, no aguante más y llegue al suicidio.

Me parece indignante, que en pleno Siglo XXI, sigan habiendo noticias de personas víctimas de tal acoso, que lleguen a quitarse la vida porque prefieran estar bajo tierra gracias a una panda de inhumanos.
Y con esto no quiero decir que los suicidas sean unos cobardes; si no, todo lo contrario. Llevan demasiado tiempo luchando contra ese infierno, y al final por un motivo o por otro, deciden coger un camino.
Un camino que desearía que nadie tuviese que tomar sólo porque unos indeseables (porque no se les puede llamar de otra manera) empezaron a hacerle la vida imposible a alguien que no tenía la culpa de nada.

Que alguien tan indeseable tenga una vida tan vacía, que tenga que meterse con alguien tan sólo para demostrar algo que no es. Y que no sólo sea esa persona, si no que también se le sumen el resto de "monstruos". Porque no, no son personas. Son monstruos.
Y en este grupo, tengo que hacer mención a un "subgrupo" (llamémosle así). Este subgrupo son los llamados "no quiero saber nada".
Son los que simplemente no hacen absolutamente nada por ayudar a esa víctima, aunque realmente sepan lo que está pasando. Y que en ocasiones, lo único que consiguen es que se vuelvan un monstruo, como sus compañeros.

Lo más increíble de todo (aún si cabe) es que muchos instituciones públicas llamadas "colegios/institutos" no hagan (o no puedan) hacer absolutamente NADA para ayudar a la víctima.
Bien porque no tengan pruebas de que esa persona lo sufre, o bien porque no se quieran dar cuenta. Intento creer que lo segundo no es real, y que me estoy equivocando, pero es que ni las instituciones, ni la justicia me lo ponen fácil.
Porque esa es otra.. Nuestra querida justicia.
Está claro que la justicia no está pasando por su momento más leal, de hecho, la persona que escribe este texto, actualmente, no tiene tanta fe en ella.
Casos claros de bullying que archivan así, por el morro.
Y, ¿Qué quieren que piense de ella? Si lo único que hace es cerrar los ojos mirando a otro lado.

No me cabe en la cabeza, que no hagan nada cuando ven que una persona ha decidido quitarse la vida, por el hecho de que unos monstruos fueron a por esa persona.
Pero es que ésto, no viene de ahora, viene desde hace más de 10 años. Una década en la que ha perdido a gente por el camino, y ha hecho que otras viesen una luz y hayan salido de todo.
Gente, tenemos que abrir más los ojos y ver lo dura que es ésta realidad. Luchar y quejarnos siempre, y no cuando (por desgracia) salgan noticias en la TV de personas que han decidido quitarse la vida.
No tenemos que llorarles, tenemos que intentar que no lo hagan. Tenemos que luchar.


Y me van a permitir dar un par de mensajes:

A ti, si estás leyendo esto, si eres una de esas personas en las que ahora mismo se embarca en ese infierno, piensa que no estás sólo. Que siempre hay alguien que te puede ayudar a salir de este pozo, de esta gran mierda.
Porque, sí. Sé que es una gran mierda, y que hay días en los que piensas que no puedes salir de esto, pero te aseguro que puedes. Podrás salir con heridas, con cicatrices, con arañazos.. Pero esta guerra se puede ganar.
No te rindas, nunca. No permitas que te borren la sonrisa y las ganas de vivir. No les des el gusto de ver como un día no vuelves a clase.
Agarra ese dolor, aférrate a la vida, y continúa por el camino recto. Sé que verás la salida y sé que ganarás.
Eres un superhéroe.


Y a ti, despojo inhumano, si estás leyendo esto, deseo de todo corazón, que en ese alma podrida, que en ese corazón lleno de serpientes, monstruos y veneno, haya un minúsculo ápice de bondad y que cambies. Que dejes de ser alguien digno de dar asco y odiar, y empieces a ser una persona que ayude a los demás, que se quiera así mismo, y que se sienta con el suficiente valor para dar la cara por las cosas mal hechas.
Aunque, sinceramente, este tipo de personas no cambiáis, y seguís siendo así toda vuestra vida.



Deseo de todo corazón, que un día nadie tenga que volver a escribir ni una palabra de este tema, y que cierren este infierno de una maldita vez.


Fdo: GALA.

domingo, 18 de octubre de 2015

Una pesadilla más.

Era una noche oscura, no muy fría, lo justo para poder usar un pijama largo.
Mirando hacia el horizonte y divisando las luces que podía observar en la lejanía, me puse a pensar, y de pronto, sin saber muy bien porqué, comencé a llorar.
Me volví a sentir como hacía unas semanas.. Me sentía una carga, algo imposible de curar, me sentía mal conmigo misma, cansada, rota, como si hubiese pasado por una trituradora.. Me sentía débil..

Y empezaba a sentir cómo me llamaba..
Notaba cómo buscaba mi piel, como volvía a intentar destruirme de nuevo, a querer poner ese contador a cero, dando paso a una nueva caída.
Podía palparla sin tenerla aún en mis manos, podía notar ese dolor cuando rasgaba mi piel sin haberla acariciado cuando tan sólo pasaba mis dedos por la muñeca..
Tenía tantas ganas de volver a hacerlo.. De volver junto a ella y de volver a hacerme daño..
Había fallado tantas veces que pensé: "¿Qué más da? Por una más, no va a pasar nada.."
Solo quería quitarme esa rabia, ese sentimiento, ese dolor.
Y aunque sabía perfectamente que no iba a ser sólo una, que no acabaría sólo en una herida más, no se me quitaba esa idea de la cabeza..

Cuando me quise dar cuenta, estaba en esa cama que tantas veces había visto esos golpes, con aquel cuaderno que la guarda y la protege, buscando la hoja en la que se esconde y volviéndome a sentir igual de mierda que siempre.
Con sólo sujetarla con mis dedos, sentía como el dolor se iba apaciguando más..
Y me odiaba por no poder evitarlo, por tener que haber una nueva guerra de mi piel contra ella, derramando sangre en cada caída, notando cómo mis lágrimas chocaban contra las antiguas cicatrices, sintiendo como interior se desgarraba por dentro a gritos..

Y cuando por fin todo terminó, yo me desperté.
Tan sólo había sido una pesadilla que mis fantasmas me hacían rememorar.. Asustada, me alumbré con el móvil y observé que mi piel seguía sin marcas.. Me sentí tranquila, más relajada.. Pero, lo miré por temor, por miedo a que no fuera una pesadilla, o a que inconscientemente lo hubiera hecho..


Hay días en los que deseo que esa pesadilla se cumpla para poder seguir luchando sin tener dolor ninguno. En cambio, hay otros días en los que lucho desde que me despierto para no hacerlo, consiguiendo irme a la cama sin un rasguño.
Y mi interior es una constante lucha entre lo que quiero hacer y lo que no puedo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Superación.

Sigo temblando cada vez que cojo una cuchilla.
Cada vez que algo afilado recorre mis manos.
Cada vez que algo puntiagudo pasea por mis muñecas, deslizándose por mi piel.
Y no tiemblo por las ganas que tenga de hacerlo, porque no quiero; aunque a veces me apetezca mucho.. Si no por el propio miedo.
Miedo de volver a tener que esconder mis brazos con mangas largas poniendo excusas absurdas, e intentando que no las suban.. Y por miedo a volver hacia atrás.
Por el dolor que me supone cada vez que les miro a los ojos y veo lo que ellos también tienen que pasar..
Porque duele, y mucho.

Y aunque en este instante hable de ella, aunque ésto sea sobre heridas y cicatrices, no es un tema del que pueda hablar con normalidad.
Porque no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero es algo que forma parte de mi, y aunque siga doliendo al mirarlas, o saber que están ahí, es algo que forma parte de lo que soy yo; aunque yo me siga sin querer, ni aceptar.
Y si no hablo de este tema es por el qué dirán.. Porque la gente cree que con decir que así no se soluciona nada, ya nada va a pasar.
Porque.. sí, vale, tienen razón. Así no se soluciona nada, pero por cada poro abierto, hay un motivo por el que luchar.
Te desahogas y sigues luchando; procurando que no haya nuevas, procurando que la gente no vea las viejas..
Porque esas mismas personas son las que tienden a hablar sin tratar de entender lo que pasa detrás de cada herida. Sin saber lo complicado que es tener que aprender a convivir con ellas, intentando evitar que te preguntar por esas cicatrices para no tener que contar una historia, y así no soportar esas caras.
Cara que puedes leer con facilidad, y que muy pocas veces son caras y miradas que no hacen daño, ni piensan que lo haces por victimismo.

Pero.. ¿Por qué escribir ésto ahora y no antes?
Porque aunque mis sentimientos siguen siendo los mismos, casi estoy preparada para luchar contra esta guerra personal, una guerra que espero cerrar algún día..
Y si estas líneas son leídas por alguien que está pasando por algo similar a ésto y consiguen que por una noche no tenga que llamarla y sumar una herida más, habrá merecido la pena.

La cuchilla no es una solución, tan sólo es una manera de auto-ayudarte a no acabar bajo tierra mucho antes de lo esperado.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Cansancio y miedo.

Una vez más, recurro a aquel sitio en el que me siento libre.
Aquel que escucha todo lo que le digo sin temor a que me pueda traicionar, aquel en el que sólo yo me puedo hacer daño, aquel que consigue que me desahogue, y aunque no lo consiga, al menos sigo intentándolo.

Sigo buscando un resquicio de tranquilidad a este roto corazón, a éste alma desgarrada recompuesta con parches, aquel que sigue sin sanar, pero sigue entero.
Sigo buscando momentos en los que al estar sola, no tenga miedo de mi cabeza, sin miedo a que cualquier cosa haga que me vuelva a hundir.
Porque sigo teniendo miedo. Miedo de mi, de ella, del tiempo, del pasado, de él, del que dirán..
Miedo del miedo, miedo a no quererme nunca, miedo a fallar otra vez, miedo a que se vayan, miedo a volver a sentirme sola, miedo a pensar en que aún no he caído del todo.
Y sé que no debo vivir así, pero lo siento..

Y siento cansancio..
Cansada de hacerme la fuerte, de fingir sonrisas, alegrías, felicidad.. Sólo para no preocupar, por no verles triste por mi culpa, por no verles como yo.
Pero entre guerra y guerra aquí sigo yo, deshaciéndome de la sensación de debilidad, con ganas para todo el mundo menos para mi. Intentando ver si hay cosas buenas en mi. Intentando no fallar.
Intentando no volver hacia atrás, intentando no verla, intentando resurgir..

Pero cada caída es peor porque me cuesta más, me duele más y pesa más..
Y cuando por fin encuentro el motivo de ese agotamiento, sólo me encuentro con que es miedo.. Miedo y cansancio de verme así, de verme mal.

jueves, 13 de agosto de 2015

Mil sentimientos y un abrazo.

Hay veces que la libertad o el sentirte libre, no es estar en ese lugar que te hace sentir en paz, o estar en el lugar más amplio, o en el punto más alto de tu ciudad.
Hay veces que el lugar donde más libre y mejor te sientes es en brazos de aquella persona que quieres. Ya sean en brazos de tus padres, de tu hermana, de tu amigo.. Pero esa libertad, te la dan los abrazos.

Un abrazo sincero, tierno, con fuerza, que consiga hacerte llorar como un niño, que te rompa, que te dé seguridad, fe en ti, esperanza, alegría, nervios, pero a su vez.. tranquilidad.
Un abrazo de los que sólo aquellos que te conocen bien saben darte. Un abrazo que te haga saber que en esa lucha no estás solo, que alguien va a estar a tu lado aunque las cosas se tuerzan..
Un abrazo de los que te duelan las costillas, de los que te cueste respirar y no puedas moverte, de los que te rompan las cicatrices, el alma, y te sientas en paz.
Un abrazo de los que consigan que te sientas en el lugar más seguro del mundo.
Un abrazo que te haga sacar la mejor y la peor versión de ti mismo. Que te saque una sonrisa o tus propios demonios. Un abrazo esperado o robado..
Un abrazo que te haga sentir así, libre.

Por eso, prométeme que si tienes los ojos llorosos, si lo necesitas o si ves a alguien que lo necesite, simplemente vas a abrir los brazos para sentir o ayudar a sentir como la seguridad y la libertad se posan a tu lado y te hacen renacer.
Prométeme que ésto no se quedará en unas líneas escritas en un blog de mala muerte y que no se perderá..

Porque poca gente sabe todo lo que puede llegar a ayudar un simple abrazo.
Porque un abrazo, cuando se da de verdad, cuando se da con el corazón, puede conseguir transmitir todo esto y mucho más.

No dejes que se pierdan los abrazos.

miércoles, 29 de julio de 2015

Nunca te rindas.

Un día te levantas, y sientes que algo va mal, que hay lágrimas en tus ojos y que tus ganas de vivir van disminuyendo.
Empiezas a encontrar a tu amiga 'Soledad', cuyo amor es 'Dolor', y sólo encuentras oscuridad, tristeza y desesperación por estar bien.
Pequeñas cosas del día como levantarte de la cama, comienzan a ser retos para ti; o simplemente te cuesta hacer tu vida, y diariamente comienzas a dejar de ser tú para convertirte en alguien que finge cosas sólo para no preocupar a tus seres queridos.

Cuando te miras al espejo sólo ves dolor, agonía, llanto.. y no reconoces a la persona que aparece en tu reflejo. El poco autoestima que tenías desaparece, y en su lugar, comienzan a aparecer "heridas de guerra".
Luchas a diario contra tus propios demonios, gastando la poca fuerza que tienes en cada batalla, esperando a que un día, esos demonios no aparezcan y poder respirar tranquila; pero siempre vuelven, y cada retorno, es mucho más duro que el anterior.
Mangas bajadas, sonrisas sin vida, y tú sólo piensas en que todo eso pasará pronto de alguna forma..


Pero un día, aparece ese ser, esa persona, ese "Click" que hace que las batallas duelan menos. Aunque siga habiendo heridas, aunque siga habiendo tristeza, cuando estás acompañado de ese "Click" te sientes un poco mejor.
Comienzas a estar a su lado las 24 horas, sin descanso, aprovechando cada segundo que tienes para estar con él. Comienzas a tener un motivo por el que luchar y no rendirte..
Ese "Click" consigue que sonrías y que la fe empiece a aparecer. Es un minúsculo agujero de unos pocos milímetros, pero tras ese agujero, hay un final.
Tras ese agujero puedes observar la gente que tienes a tu lado, aquella que confía en ti, que te quiere tal y como eres.. Y aunque haya alguien que no te conozca del todo, te sigue cuidando; y tú, te sientes más a salvo.
Y empiezas a dejar de tener miedo. Vuelves a sonreír, a tener ganas de vivir, de soñar y vuelves a ver todo de color. Vuelves a confiar en ti, vuelves a quererte, a tener ganas de que el mundo vea que la guerra ha terminado y ha sido ganada y no por los demonios, si no por ti.
Empiezas a reconocer a la persona que está en el espejo, empiezas a ser tú.

Y te das cuenta de que somos como un Fénix, convirtiéndonos en ceniza cada vez que tocamos fondo, pero siendo cada vez más fuertes, mejores personas y casi irrompibles.
Y cuando miras atrás, te das cuenta de que sin ellos no hubiese sido posible.

Siempre hay un motivo por el que seguir luchando.. Bien sea por un amigo, por tus padres, por la música, por ti.. O por todo en general.

Pero.. recuerda: No hay que dejar de luchar, nunca.

lunes, 11 de mayo de 2015

Ojalá.

Ojalá tuviera un corazón frío.
Ojalá no supiese lo que son los sentimientos.
Ojalá estuviera en el vientre de mamá.
Ojalá fuera siempre pequeña.
Ojalá viviera en una infancia eterna.
Ojalá no supiera lo que es el dolor.
Ojalá no la hubiese cogido nunca.
Ojalá no hubiera amado.
Ojalá no hubiera sentido.
Ojalá no hubiera tenido miedo.
Ojalá no le hubiera conocido.
Ojalá no hubiera llorado.
Ojalá no hubiera fallado.
Ojalá no hubiera sufrido.
Ojalá no hubiera roto promesas.
Ojalá no hubiera sabido lo que es vivir sin sonreír.
Ojalá no hubiera vivido muchos momentos..
Ojalá no hubiera tocado fondo.
Ojalá nunca hubiera tenido que resurgir.
Ojalá no hubieran cicatrices.
Ojalá no tuviera que haber aprendido a vivir con ellas..

Escribiría tantos 'ojalá's' que creo que no terminaría esta noche.
Hubiera evitado todos aquellos bajones, todos esos momentos en los que pensé en tirar la toalla, todos esos momentos en los que pensaba que no podía; hubiera evitado todas esas guerras contra ella, contra mi..
Ahora viviría mucho mejor; pero tuve que aprender a vivir con todo ello, y.. no es nada fácil.
Pero cuando me pongo a pensar en todo lo vivido.. Creo que volvería a pasar por todo aquel dolor si volviera a ser la misma persona que soy ahora.
Ahora sé cuánto dolor soporto sin explotar, cuánta rabia puedo aguantar y cuántas ganas por luchar sigo teniendo.

Ojalá un corazón frío como el hielo...
O tal vez no, quizá no sería la pensar que soy y.. me gusta ser yo.

domingo, 19 de abril de 2015

Trescientos sesenta y cinco días después.

Aún puedo recordar la cara de ella cuando nos miramos.. Se le notaba la rabia y el dolor que contenía con sólo mirarla a los ojos.. y recordarlo, duele.
Todo lo que tuvo que sufrir, todo lo que tuvo que aguantar, todo el peso que tuvo que soportar.. y todo eso por estar a mi lado. Por no abandonarme.
Un momento duro que viví junto a ella, y que a pesar de todo lo que la he fallado, ha seguido luchando junto a mi, no dejándome caer, levantándome y cuidando de mi, como siempre.
Pero sé que ella estaba cuidada por él, por ellos, por todos. Aquellos que en algún momento también han cuidado de mi. Ellos.
Ellos fueron el principio de una lucha que a día de hoy, no está terminada. Una lucha diaria en la que yo formo parte, sabiendo cada instante, que no estoy sola en el campo de batalla.

Estuvieron a mi lado en los peores momentos, viendo como caía en silencio, como intentaba sonreír, como la tranquilidad se ponía de mi lado, sintiéndome protegida, sintiéndome a salvo, encontrando mi Norte.
Nunca las gracias serán suficientes cuando de esto se trate.
He derramado lágrimas que ella me secó; he recibido abrazos en los que yo sentía esa protección, y he tenido luchas con mi bestia interior que él tuvo que ver. Pero también han visto como esta sonrisa volvía a brillar, como el dolor empieza a sanar y como todo comienza a curar.
Y esto hubiera sido mucho peor en otras circunstancias, y que yo habría tenido más miedo aún, y ellos hubieran estado mucho peor, pero por fortuna no ha sido así.

Sé que habéis sufrido por mi culpa, que habéis estado mal, que todo ha sido complicado y que no os gusta mi bestia.. Pero también sé que voy a seguir luchando para cerrar este pasado, para que en un futuro os podáis sentir orgullosos de mi, de haber ganado.
Cuando pienso en todo el dolor que han podido sufrir los que han luchado a mi lado, me duele mucho más que todo lo que he sufrido yo, pero también sé la suerte que tengo de tener a la gente que tengo a mi lado; a esta familia, a mis hermanas y hermano de otra madre. Sé la suerte que tengo de tener a mi pequeña mariposa, la que tiene que aguantar cada día a esta persona que la hizo sufrir.

He ganado mucho más de lo que realmente perdí, y si pudiera ir al pasado para evitar errores, creedme que lo haría con los ojos cerrados. Pero haré lo que esté en mi mano para no fallar, para cuidaros y para veros sonreír.

Os quiero, con todo mi corazón.

lunes, 23 de marzo de 2015

Dos caminos.

Escribo esto mientras hecho la vista hacia atrás y veo el camino que he recorrido hasta el día de hoy.

Un camino en el que tan sólo una vez, llegué a imaginarme a mi, dirigiéndome al camino corto para terminar con todo el dolor, toda la angustia y toda la ira que en mi interior había.
Pero fue después, cuando ella estaba en mi mano, cuando mis dedos acariciaban su suave filo, cuando me puse a pensar en todo lo que podía perder si al final caminaba hacia allí. Pero una vez más; mi propio ser y mi propia mente volvía a ganar a ese absurdo pensamiento.
Si he logrado superar todos los baches que se han cruzado en mi camino.. ¿Por qué éste no? No era debilidad, eso lo tenía claro. Pero caí en la cuenta de que era aquel dolor el que me intentaba ganar. El dolor que me había causado a mi misma y a mis seres queridos.. Y no podía perder o ganar, sin luchar.
¿De verdad iba a permitir que me ganara él? Eso ni en broma. Sobre todo cuando descubrí a quién tenía a mi lado.

¿Y cómo pensabas marcharte? ¿Dónde, en tu habitación? ¿O aliándose con la gravedad y un puente? ¿De verdad querías ver como te lloraban todas esas personas que te querían? ¿O que ellos pudieran encontrarte de esas maneras tan horribles?
Tan sólo hacia falta imaginarme en aquellas situaciones para que el corazón me diera un vuelco por sí solo. Pero eso era lo que me dolía. El dolor de ellos más que el mío propio. Por eso sabía que el camino corto no podía estar entre mis opciones; al menos de momento.
No podía abandonar una guerra sin pelear hasta el final, sin ver el último resultado, y sin ver lo que había conseguido. Al fin y al cabo, he ganado todas mis guerras, ésta no podía ser mucho más distinta.
Quizá sólo me hacía falta llegar hasta el fondo para impulsarme con mucha más fuerza aún.


A día de hoy, no me arrepiento en absoluto de aquella elección.
Tengo una familia que a pesar de que no la elegí, tampoco me la merezco. Pero me siento muy afortunada en tenerles, y no he podido tener más suerte.

Esta guerra puede que no haya llegado ni a la mitad, o que incluso tarde años en ganarla, pero lo único que sé, es que no tengo miedo.
No hay miedo que me intimide, ni miedo que pueda conmigo.
Y sé que podré con todo lo que tenga que venir, si ellos siguen a mi lado.

domingo, 22 de febrero de 2015

Dime que haría sin ti.

Enciendes almas, das vida, y tan sólo pides una sonrisa de esa persona.
Llenas el corazón de mucha gente, las cuales lo dan todo por ti.
Sólo tú sabes como poder llegar al punto exacto del dolor de una persona, consiguiendo que llore hasta que no puede más, hasta que se duerme.. Sólo tú sabes lo que puedes llegar a unir a dos desconocidos por el simple hecho del amor que ambos tienen hacia ti.
Algunos, te llevan en su piel para el resto de sus días, otros no se separan de ti.
Algunos, te quieren; otros te ignoran..
Pero el miedo a que no estés sigue existiendo. El miedo a que desaparezcas es tan grande, que duele. Es algo que se intenta no pensar; tan sólo disfrutan de ti y de todo lo que le puedes ofrecer, pero es algo que tarde o temprano aparece.

Aún sigo sin comprender como consigues hacer sonreír a un corazón tan triste, como consigues hacer sentir a una persona que no está sola aunque su alrededor esté completamente vacío.
No llego a comprender como llegué a quererte tanto cuando tan sólo era una niña pequeña..
Por eso, dime..

Dime que haré si tú te apagas algún día. Si tus notas no me sanaran y se apagara la melodía.
Dime que haré si no estás ahí para calmar mis fantasmas. Si eres tú la que luchas, si eres tú la que gana la la batalla.
Dime que haré si no estás ahí pa' consolarme. Si me voy apagando y no estás ahí para encenderme.
Dime que haré cuando no sienta ese escalofrío que siento en cada canción, aquellas que llegan a tocar mi alma y mi corazón.
Dime que haré si ellos no están a mi lado. Aquellos que con su voz y su fuerza, me acompañan en cada escalón.
Dime que haré si me vuelvo a caer. Si la vuelvo a encontrar y tú no estás junto a mi, evitando que me haga daño.

Dime que será de mi, si tú no estás ahí.
Dime que será de mi, si llega el día en que la música dejara de ser poesía.

martes, 27 de enero de 2015

Sigo aquí.

Sentir ese dolor en mi pecho, sentir como mi interior arde en un fuego en el que una vez hubo un corazón lleno de amor y que ahora, se está convirtiendo en cenizas.
Sentir como aquel dolor, te acompaña cada minuto de tu vida, convirtiéndose así en una bestia, un fantasma, o como una parte de ti.. llámalo como quieras.
Sentir como toda esa fuerza que durante años has estado tratando de forjar, va desapareciendo hasta llegar a convertirse en algo insignificante y casi invisible para tu propio ser.
Sentir como esas ganas locas de vivir se van desvaneciendo como la arena en una ventisca y como tu interior se empieza a volver negro, oscuro y tétrico.

Sentir como tu propia sonrisa, desaparece como por arte de magia, en un momento, y comienzas a no reconocer a la persona que aparece ante aquel espejo.
Sentir como tu mirada comienza a entristecerse, a no tener ese brillo que normalmente tienes y que tanto te llega a gustar.
Sentir que el único motivo por el que no tiras la toalla, es porque el propio dolor no te deja..

Y te acabas estancando.
Te estancas en un mar de odio, pena, sufrimiento, dolor, rabia contenida, ansiedad y enfado. Hasta la propia idea de la muerte te parece inútil si lo comparas con tu bestia interior.
¿Para qué morir? Ganaría él.
¿Para qué vivir? Sólo causo dolor.
Y por mucho que comparas y valoras, no encuentras la solución.
Hasta que un día, aparece esa luz. Esa luz que va brillando más, y no te abandona nunca.
Esa luz es por la que va asomando una respuesta, un motivo, algo en lo que tener fe.

Comienzas a sentir el calor externo. Comienzas a sentir como ese fuego interno se va apaciguando hasta no quemarte más.
Comienzas a volver a ser tú; a ver como tímidamente aparece esa sonrisa. Comienzas a ver como esa mirada, deja de ser aquellos ojos tristes, y empiezan a tener ese brillo que tuviste una vez.
Comienzas a entender que desaparecer, ya no está en tu vocabulario, al menos de momento. Comienzas a sentir que tienes un motivo por el que luchar; y que ese motivo, se va multiplicando y cogiendo fuerza.
Comienzas a ver un nuevo amanecer, comienzas a vivir.
Dentro de toda esa oscuridad, allí estaba esa luz que siempre brilló. Aquella luz que te ha dado abrazos, amor, libertad, fe, fuerza, esperanza, apoyo y VIDA.

Ahora sé que no voy a rendirme. Sé que seguiré luchando, junto a mis cicatrices, con mis subidas y mis bajadas; pero lucharé. Y que esa luz, estará siempre a mi lado.
Por eso, no dejes de luchar, nunca.
Aunque sientas que ya no puedes más; aunque notes como si tuvieras unas pesas que te estuvieran hundiendo...
Sigue luchando, buscando esa luz, ese motivo, y esa fe. Búscala.

Hazlo por lo que quieras, pero hazlo: Ama, sonríe y sobretodo.. VIVE.

martes, 30 de diciembre de 2014

No pierdas tu sonrisa.

Una de las cosas más duras que le puede pasar a alguien a nivel muy personal, es que sin duda, que su sonrisa desaparezca.
Que ya no brillen esos labios al sonreír, ni encontrar luz en esa mirada risueña.
Es duro sentir que te han hundido tanto, que han llegado a conseguir que desaparezca. Y sí, sigues sonriendo, pero no es tu sonrisa la que sale; es una sonrisa falsa, una sonrisa de paso.
Sin embargo, una de las cosas más bonitas que te puede llegar a ocurrir, es que esa sonrisa que estaba desaparecida, vuelva a aparecer.
Y cuando te miras al espejo y sonríes, sabes que ahí está, brillando otra vez; teniendo esa luz, esa inocencia de siempre, que sonríes al mundo sin fingir, y que te sale por sí sola y lo haces porque estás bien.
Aunque, lo mejor de todo, es cuando consigues que la gente que te quiere pueda sonreír sólo porque tú lo has hecho.

Es duro ver como dejas de ser tú, para ser alguien que no conoces.
Para ser un desconocido cuando te miras al espejo por el simple hecho de que alguien quiso volver a quitarte las ganas de vivir, por las ganas de desaparecer; y cambiar tus mejores sonrisas por algo falso y sin vida.
Pero llegas a un punto en el que estás abajo, casi al borde del acantilado, y hay algo que consigue ayudarte a levantar y a volver a tener esas ganas locas de vivir.

Y un día, tras haber estado luchando durante mucho tiempo, te levantas, te miras al espejo, y por fin te reconoces.
Y cuando te reconoces, empiezas a hacer algo que nunca habías hecho; que es estar orgullosa de ti. Y aunque sea un poquito, yo lo estoy de mi.
Ya me ves otra vez, luciendo esa sonrisa que una vez perdí.
Consiguiendo que brille de nuevo, sin que aparezcan falsas sonrisas.
Volviendo a ser yo, a ser lo que era.
Volviendo a querer lo que un día me quitaron, a seguir aprendiendo de mis errores, de mis fallos, de mis golpes y de mis cicatrices.
Destapándolas de nuevo, pisando algo más fuerte, y sobre todo, sin tener miedo.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Dos mil catorce.

Un nuevo año está terminando. Queda menos para que este año quede en nuestro pasado y empieze un año más en nuestras vidas.
365 días nuevos y llenos de momentos buenos, momentos malos, mágicos, para recordar, para aprender, para olvidar, para luchar, para soñar, para vivir.
Y aunque aún quedan varias semanas, voy a permitirme echar la vista atrás.

Este año he aprendido a valorar muchas personas que tenía a mi lado, y a valorar a las nuevas que entraron en ella. He aprendido a aprender de ellas, a quererlas, a respetarlas y a valorarlas.
He aprendido a saber cual es mi límite, cuánto dolor soporto sin reventar, y cuánto mal me puede causar todo ello. He aprendido a decir que sí puedo, y que con el tiempo, lograré no tener miedo.

Este año me ha enseñado quién está a mi lado de verdad, y quien no me quiere.
Me ha enseñado que el dolor es malo, pero que te sigue haciendo fuerte, y que volverás a resurgir de nuevo una vez más y podrás a ser la que siempre has sido.
Me ha enseñado que en una amistad, no hace falta hablar para saber si reconocen cuando sonríes de verdad y cuando ocultas tu estado de ánimo.

Este año me ha seguido enseñando que las amistades verdaderas siempre vuelven, aunque traten de separarla. Me ha demostrado lo fuerte que pueden llegar a ser mi familia, y que no te van a dejar nunca.
Que mamá sigue siendo tu gran heroína; que basta con una sonrisa de tu hermana para tener un buen día; que sólo necesitas un abrazo sincero, sin palabras para sentirte a salvo.
Que sigues adorando la carcajada de papá, y que un beso de tu novio te seca las lágrimas.
Este año he visto como voy cumpliendo mis sueños, y como la gente que me importa, los cumple.
Y veo como aquellas personas a las que apoyas musicalmente, van creciendo cada día más y te sientes orgullosa por ello.

Pero también me quedan cosas para aprender.
Aún tengo que aprender que esas cicatrices no tienen porqué esconderse, que son parte de tu historia, y a quien no le guste, que no mire.
A volver a ser yo, a volver a vivir sin miedo, a volver a tener esa felicidad que tenía antes.
Aprender de toda la que quiero, que me importan, y que amo.

Toca seguir viviendo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cicatrices.

Escribo estas líneas mientras con la otra mano sujeto la cuchilla que alguien me regaló hace algunos meses.
Escribo estas líneas mientras mi mente vuelve a recordar cada lágrima derramada cuando ella se unía a mi piel.
Escribo estas líneas mientras ellas asoman tímidamente por mis mangas, recordándome una vez más aquel dolor..

Aún recuerdo esa primera vez, hace siete años.
Yo, con dieciséis, rota de dolor, con ganas de desaparecer, sin motivos para seguir luchando y echa un par de lágrimas, recurrió a un cúter mal afilado que guardaba en el escritorio.
Las primeras gotas asomaban y un mar de tranquilidad asomó por mi rostro, hasta que esas lágrimas desaparecieron.
No conseguía averiguar porqué no les caía bien, no averiguaba porqué no querían conocerme.. pero aquel corte consiguió que ese miedo desapareciera.
Un día fue un corte, al día siguiente fueron tres, después cuatro.. y mi muñeca comenzó a ser un lugar en el que podías encontrar pequeños caminos de dolor transformados en cortes. Cortes que meses después desaparecieron, y con ellos el curso..

Dos años después volvió a suceder.. La cuchilla volvió a mi, y esta vez ni mi propio yo tenía el control para parar ese dolor.
Pronto los cortes en la muñeca se unieron a las heridas que yacían en mis manos. Mi mano izquierda pasó a ser una mano herida. Y a eso, le añadía las palizas que mis nudillos le daban a la pared hasta hacerme sangrar.. Pero todo ello, a su vez, conseguía que el dolor se calmara y fuera menos intenso.

Que estúpida me sentía..
Tenía que elegir entre aguantar hasta que mi cuerpo dejara de tener fuerzas para luchar o tener las manos escondidas por los cortes y las heridas.. Y todo esto empezó, por el simple hecho de que alguien que sin saber porqué me tenía asco, comenzara a hundirme hasta hacerme sentir una mierda.. y que consiguió que eso fuera lo único que conseguiera hacerme sentir mejor.
Cúter, cuchilla, filo de sacapuntas, un cristal roto.. todo valía si así se unía un corte más a mi piel. Todo valía con tal de desahogarme..

Después de acabar el instituto, mis cicatrices se escondían entre las mangas largas y las excusas baratas.. Sabía como tenía que actuar, lo llevaba haciendo semanas.. ¿Porqué no un poco más?


Los cortes y las heridas nunca han desaparecido.
Por algún motivo siguen apareciendo y a día de hoy, siguen a mi lado.
Ahora las cicatrices son tapadas con muñequeras, para no ver todo el dolor, para no sentir todo lo que pesan..

¿Porqué de este texto? Te preguntarás.
No sabes lo que duele verte las cicatrices, dando explicaciones absurdas para no tener que decir la puta verdad y que te traten de loca.
No sabes lo que duele prometer que no lo vas a hacer más y acabas rompiendo la promesa que un día hiciste.
No sabes lo que duele vértelas en el espejo antes de ducharte y recordarlas una y otra vez.
No sabes lo duro que es ver que la gente que tú quieres las tiene que ver.
No sabes lo duro que es ver como te cogen la muñeca para observarlas tan sólo unos segundos y enseñarlas para que vean que no hay nada nuevo.
Y sobre todo, lo duro que es coger la cuchilla, colocándola en tu piel, sabiendo que está mal lo que haces, pero que necesitas hacerlo para no acabar peor..

Es muy triste que la única manera de hacerte sentir mejor, es la misma que hace que te enfades contigo misma, que te puedas llegar a odiar, pero que lo tienes que hacer para no pensar en acabar bajo tierra mandando a la mierda todo.
Los cortes, las heridas y las cicatrices duelen mucho, y me pesan aún más. Porque sé que en algún momento, alguien ha sufrido viéndomelas. No necesito que me vengan con cabreos y enfados porque sólo me hace más daño.


Intento no hacerlo, pero el dolor y la rabia me gana y la bestia sale a hacer el daño que tanto le gusta.
Así que, antes de terminar esto..
Si algún día las ves, sólo abrázame.

sábado, 25 de octubre de 2014

Caer, luchar y resurgir.

Quizá aún no haya tocado fondo.
Quizá aún no esté preparada para tocarlo.
Quizá tenga miedo de las consecuencias que puede haber si lo hago.
O quizá sea el hecho de que ya lo estoy tocando pero no quiero abrir los ojos para no ver la realidad.

Quizá ya lo toqué y estoy volviendo a resurgir.
Quizá ésta vez no lo tenga que tocar.
Quizá no sea mi momento.
Quizá la vida me prepara para algo más duro.
O quizá no quiere que lo toque y sea ella la que me lo esté impidiendo.

Quizá ésta vez no haya fondo y sea un infinito.
Quizá esté más cerca de lo que el mundo cree que estoy.
Quizá ésto sea fruto de un sueño del que tengo que despertar.
Quizá tengo que tocarla sola.
Quizá tenga que tocarlo con alguien.
Quizá primero sea yo la mano que ayude, para después ser yo la ayudada.
Quizá si caigo es para no volver a levantarme.
Quizá ésto sólo se quede en palabras.
O quiza ésto sea sólo el principio de mi caída.


Sea de la manera que sea, y tarde lo que tarde, lo descubriré.
Sigo caminando con gente a mi lado.
Sigo creciendo como persona y sigo luchando.
Y lucharé hasta que ya no me queden fuerzas.
Hasta que mi última bocanada de aire sea la más profunda.
Lucharé hasta que ya no me quede sangre en mi interior.
Lucharé hasta que mi alma se vuelva tan oscura que ni el propio color negro pueda definirla.
Y seguiré luchando hasta que mi propio ser deje de confiar en mi.
Lucharé hasta que mis rodillas no puedan con todo este peso.
Lucharé hasta que mi familia deje de creer en mi.
Lucharé hasta desfallecer.
Lucharé hasta morir.

viernes, 3 de octubre de 2014

Mi gran amiga.

Ella, tan dulce y a la vez tan amarga.
Aquella, a la que queremos y a la que a su vez despreciamos.
Aquella, que en muchas ocasiones ha sido una gran amiga y en muchas otras, ha sido mi mayor enemiga.
Aquella, que me da lo que necesito en todo momento, y no se aparta de mi lado aunque se lo ordene.
Aquella, que ha contemplado cada lágrima de dolor, de desesperación; cada gota de sangre, cada noche en las que estaba apoyada en la ventana viendo las horas pasar sin más, en absoluto silencio.
Aquella, que ha visto como resurgía una y otra vez de los desechos que quedaban de ese corazón absolutamente roto.
Aquella, que ha visto como ese corazón roto se volvía a ir uniendo a base de constancia y fuerza.
Aquella, que iba conmigo de la mano cuando yo no quería estar con nadie.
Ella, que muchas veces ha sido la única que ha confiado plenamente en mí.
Aquella, que me repetía una y otra vez que jamás me tenía que rendir; que no tenía que tirar la toalla, que tenía que persistir y no abandonar.

Ha sido mi parte positiva en muchas ocasiones de mi vida, pero también ha sido la que ha sacado la peor parte de mí.
Es aquella que a pesar de no estar ni sentirme sola, sigue a mi lado para ir de la mano con ella cuando yo lo necesite.
Aquella que me puede dar todo lo malo, pero también todo lo bueno.
Esa de la que tanto hablo; mi gran amiga la soledad.