Hay veces que la libertad o el sentirte libre, no es estar en ese lugar que te hace sentir en paz, o estar en el lugar más amplio, o en el punto más alto de tu ciudad.
Hay veces que el lugar donde más libre y mejor te sientes es en brazos de aquella persona que quieres. Ya sean en brazos de tus padres, de tu hermana, de tu amigo.. Pero esa libertad, te la dan los abrazos.
Un abrazo sincero, tierno, con fuerza, que consiga hacerte llorar como un niño, que te rompa, que te dé seguridad, fe en ti, esperanza, alegría, nervios, pero a su vez.. tranquilidad.
Un abrazo de los que sólo aquellos que te conocen bien saben darte. Un abrazo que te haga saber que en esa lucha no estás solo, que alguien va a estar a tu lado aunque las cosas se tuerzan..
Un abrazo de los que te duelan las costillas, de los que te cueste respirar y no puedas moverte, de los que te rompan las cicatrices, el alma, y te sientas en paz.
Un abrazo de los que consigan que te sientas en el lugar más seguro del mundo.
Un abrazo que te haga sacar la mejor y la peor versión de ti mismo. Que te saque una sonrisa o tus propios demonios. Un abrazo esperado o robado..
Un abrazo que te haga sentir así, libre.
Por eso, prométeme que si tienes los ojos llorosos, si lo necesitas o si ves a alguien que lo necesite, simplemente vas a abrir los brazos para sentir o ayudar a sentir como la seguridad y la libertad se posan a tu lado y te hacen renacer.
Prométeme que ésto no se quedará en unas líneas escritas en un blog de mala muerte y que no se perderá..
Porque poca gente sabe todo lo que puede llegar a ayudar un simple abrazo.
Porque un abrazo, cuando se da de verdad, cuando se da con el corazón, puede conseguir transmitir todo esto y mucho más.
No dejes que se pierdan los abrazos.
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