Esta es la carta que no lleva tu nombre.
La carta que nunca te escribiré.
Las palabras que nunca te dedicaré.
Las frases que nunca leerás, y el texto que nunca será para ti.
Tampoco sentirás la rabia que no existirá, ni el odio que te merecerás.
Ni verás en mis ojos el dolor que me crearás, no verás lágrimas que lleven tu nombre.
Y la razón es muy sencilla: Simplemente no te lo mereces.
No eres digno de una carta de despedida en la que te explique algo que no tienes, como son los sentimientos.
No mereces una carta en la que malgaste mi tiempo y mi tinta escribiendo tu nombre.
Ni siquera mereces un adiós.
Y si estoy haciendo esto, si estoy escribiendo estas palabras, por supuesto que no es por ti. Únicamente es por mi.
Porque ésto nunca será una página olvidada en un cuaderno viejo, pero podrá ser una página que pueda leer sin que los fantasmas que tú creaste quieran acabar conmigo.
Así que, allá va.
Me rompiste. Me destrozaste.
Cogiste mi interior y lo desgarraste sin piedad ninguna.
Destruiste todo lo que había estado construyendo durante años. Todo aquello lo machacaste, cogiste mis sentimientos, mi corazón y mi alma y lo dejaste por los suelos.
Volví a enterrar mi fuerza, todo mi ser y encerré a mi verdadero yo en un cajón para no debilitarme más de lo que ya estaba.
Conseguiste lo que hace tiempo nadie había conseguido: Hacerme daño, sentir asco hacia mi persona y volver a odiarme.
Así que volví a estar con Ella para que todo doliera. Subí mis muros, los reforzé y me escondí detrás de ellos para llorar hasta que la poca fuerza que me quedaba se durmiera.
Pasaba los días entre ahogos, pesadillas, dolor y rabia. Luchando cada día por sobrevivir, apoyándome en los que realmente estuvieron desde el inicio, viendo como ellos sufrían por mi..
Buscaba con desesperación ese impulso, ese momento en el que todo esto dejara de doler y se convirtiera en otro capítulo más de mi vida en el que poder coger experiencia.
Pero en toda esta historia que tú mismo creaste, cometiste un gran error.
Tenías fe en que no iba a poder con todo esto y que no iba a salir; dudabas de mi capacidad para superar todo ese dolor y.. te equivocabas.
Lo único que has conseguido ha sido hacerme más fuerte, hacer que tenga más ganas de salir al campo de batalla y luchar.
Porque una cosa estaba clara; me habías destruído, pero no habías acabado conmigo y es algo que no ibas a conseguir.
He tardado dos años de mi vida en poder terminar esto, pero al fin está acabado.
Y aunque este capítulo no se cierre para siempre, al menos podré abrirlo sin temor a que esos fantasmas se apropien de mi.
Eh, he vuelto a ganar.