Era una noche oscura, no muy fría, lo justo para poder usar un pijama largo.
Mirando hacia el horizonte y divisando las luces que podía observar en la lejanía, me puse a pensar, y de pronto, sin saber muy bien porqué, comencé a llorar.
Me volví a sentir como hacía unas semanas.. Me sentía una carga, algo imposible de curar, me sentía mal conmigo misma, cansada, rota, como si hubiese pasado por una trituradora.. Me sentía débil..
Y empezaba a sentir cómo me llamaba..
Notaba cómo buscaba mi piel, como volvía a intentar destruirme de nuevo, a querer poner ese contador a cero, dando paso a una nueva caída.
Podía palparla sin tenerla aún en mis manos, podía notar ese dolor cuando rasgaba mi piel sin haberla acariciado cuando tan sólo pasaba mis dedos por la muñeca..
Tenía tantas ganas de volver a hacerlo.. De volver junto a ella y de volver a hacerme daño..
Había fallado tantas veces que pensé: "¿Qué más da? Por una más, no va a pasar nada.."
Solo quería quitarme esa rabia, ese sentimiento, ese dolor.
Y aunque sabía perfectamente que no iba a ser sólo una, que no acabaría sólo en una herida más, no se me quitaba esa idea de la cabeza..
Cuando me quise dar cuenta, estaba en esa cama que tantas veces había visto esos golpes, con aquel cuaderno que la guarda y la protege, buscando la hoja en la que se esconde y volviéndome a sentir igual de mierda que siempre.
Con sólo sujetarla con mis dedos, sentía como el dolor se iba apaciguando más..
Y me odiaba por no poder evitarlo, por tener que haber una nueva guerra de mi piel contra ella, derramando sangre en cada caída, notando cómo mis lágrimas chocaban contra las antiguas cicatrices, sintiendo como interior se desgarraba por dentro a gritos..
Y cuando por fin todo terminó, yo me desperté.
Tan sólo había sido una pesadilla que mis fantasmas me hacían rememorar.. Asustada, me alumbré con el móvil y observé que mi piel seguía sin marcas.. Me sentí tranquila, más relajada.. Pero, lo miré por temor, por miedo a que no fuera una pesadilla, o a que inconscientemente lo hubiera hecho..
Hay días en los que deseo que esa pesadilla se cumpla para poder seguir luchando sin tener dolor ninguno. En cambio, hay otros días en los que lucho desde que me despierto para no hacerlo, consiguiendo irme a la cama sin un rasguño.
Y mi interior es una constante lucha entre lo que quiero hacer y lo que no puedo.