Era una noche oscura, no muy fría, lo justo para poder usar un pijama largo.
Mirando hacia el horizonte y divisando las luces que podía observar en la lejanía, me puse a pensar, y de pronto, sin saber muy bien porqué, comencé a llorar.
Me volví a sentir como hacía unas semanas.. Me sentía una carga, algo imposible de curar, me sentía mal conmigo misma, cansada, rota, como si hubiese pasado por una trituradora.. Me sentía débil..
Y empezaba a sentir cómo me llamaba..
Notaba cómo buscaba mi piel, como volvía a intentar destruirme de nuevo, a querer poner ese contador a cero, dando paso a una nueva caída.
Podía palparla sin tenerla aún en mis manos, podía notar ese dolor cuando rasgaba mi piel sin haberla acariciado cuando tan sólo pasaba mis dedos por la muñeca..
Tenía tantas ganas de volver a hacerlo.. De volver junto a ella y de volver a hacerme daño..
Había fallado tantas veces que pensé: "¿Qué más da? Por una más, no va a pasar nada.."
Solo quería quitarme esa rabia, ese sentimiento, ese dolor.
Y aunque sabía perfectamente que no iba a ser sólo una, que no acabaría sólo en una herida más, no se me quitaba esa idea de la cabeza..
Cuando me quise dar cuenta, estaba en esa cama que tantas veces había visto esos golpes, con aquel cuaderno que la guarda y la protege, buscando la hoja en la que se esconde y volviéndome a sentir igual de mierda que siempre.
Con sólo sujetarla con mis dedos, sentía como el dolor se iba apaciguando más..
Y me odiaba por no poder evitarlo, por tener que haber una nueva guerra de mi piel contra ella, derramando sangre en cada caída, notando cómo mis lágrimas chocaban contra las antiguas cicatrices, sintiendo como interior se desgarraba por dentro a gritos..
Y cuando por fin todo terminó, yo me desperté.
Tan sólo había sido una pesadilla que mis fantasmas me hacían rememorar.. Asustada, me alumbré con el móvil y observé que mi piel seguía sin marcas.. Me sentí tranquila, más relajada.. Pero, lo miré por temor, por miedo a que no fuera una pesadilla, o a que inconscientemente lo hubiera hecho..
Hay días en los que deseo que esa pesadilla se cumpla para poder seguir luchando sin tener dolor ninguno. En cambio, hay otros días en los que lucho desde que me despierto para no hacerlo, consiguiendo irme a la cama sin un rasguño.
Y mi interior es una constante lucha entre lo que quiero hacer y lo que no puedo.
'El papel y el boli no te juzgan, no votan; tan sólo transcriben la verdad y me permiten pasar página.' (R.Barguer)
domingo, 18 de octubre de 2015
domingo, 20 de septiembre de 2015
Superación.
Sigo temblando cada vez que cojo una cuchilla.
Cada vez que algo afilado recorre mis manos.
Cada vez que algo puntiagudo pasea por mis muñecas, deslizándose por mi piel.
Y no tiemblo por las ganas que tenga de hacerlo, porque no quiero; aunque a veces me apetezca mucho.. Si no por el propio miedo.
Miedo de volver a tener que esconder mis brazos con mangas largas poniendo excusas absurdas, e intentando que no las suban.. Y por miedo a volver hacia atrás.
Por el dolor que me supone cada vez que les miro a los ojos y veo lo que ellos también tienen que pasar..
Porque duele, y mucho.
Y aunque en este instante hable de ella, aunque ésto sea sobre heridas y cicatrices, no es un tema del que pueda hablar con normalidad.
Porque no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero es algo que forma parte de mi, y aunque siga doliendo al mirarlas, o saber que están ahí, es algo que forma parte de lo que soy yo; aunque yo me siga sin querer, ni aceptar.
Y si no hablo de este tema es por el qué dirán.. Porque la gente cree que con decir que así no se soluciona nada, ya nada va a pasar.
Porque.. sí, vale, tienen razón. Así no se soluciona nada, pero por cada poro abierto, hay un motivo por el que luchar.
Te desahogas y sigues luchando; procurando que no haya nuevas, procurando que la gente no vea las viejas..
Porque esas mismas personas son las que tienden a hablar sin tratar de entender lo que pasa detrás de cada herida. Sin saber lo complicado que es tener que aprender a convivir con ellas, intentando evitar que te preguntar por esas cicatrices para no tener que contar una historia, y así no soportar esas caras.
Cara que puedes leer con facilidad, y que muy pocas veces son caras y miradas que no hacen daño, ni piensan que lo haces por victimismo.
Pero.. ¿Por qué escribir ésto ahora y no antes?
Porque aunque mis sentimientos siguen siendo los mismos, casi estoy preparada para luchar contra esta guerra personal, una guerra que espero cerrar algún día..
Y si estas líneas son leídas por alguien que está pasando por algo similar a ésto y consiguen que por una noche no tenga que llamarla y sumar una herida más, habrá merecido la pena.
La cuchilla no es una solución, tan sólo es una manera de auto-ayudarte a no acabar bajo tierra mucho antes de lo esperado.
Cada vez que algo afilado recorre mis manos.
Cada vez que algo puntiagudo pasea por mis muñecas, deslizándose por mi piel.
Y no tiemblo por las ganas que tenga de hacerlo, porque no quiero; aunque a veces me apetezca mucho.. Si no por el propio miedo.
Miedo de volver a tener que esconder mis brazos con mangas largas poniendo excusas absurdas, e intentando que no las suban.. Y por miedo a volver hacia atrás.
Por el dolor que me supone cada vez que les miro a los ojos y veo lo que ellos también tienen que pasar..
Porque duele, y mucho.
Y aunque en este instante hable de ella, aunque ésto sea sobre heridas y cicatrices, no es un tema del que pueda hablar con normalidad.
Porque no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero es algo que forma parte de mi, y aunque siga doliendo al mirarlas, o saber que están ahí, es algo que forma parte de lo que soy yo; aunque yo me siga sin querer, ni aceptar.
Y si no hablo de este tema es por el qué dirán.. Porque la gente cree que con decir que así no se soluciona nada, ya nada va a pasar.
Porque.. sí, vale, tienen razón. Así no se soluciona nada, pero por cada poro abierto, hay un motivo por el que luchar.
Te desahogas y sigues luchando; procurando que no haya nuevas, procurando que la gente no vea las viejas..
Porque esas mismas personas son las que tienden a hablar sin tratar de entender lo que pasa detrás de cada herida. Sin saber lo complicado que es tener que aprender a convivir con ellas, intentando evitar que te preguntar por esas cicatrices para no tener que contar una historia, y así no soportar esas caras.
Cara que puedes leer con facilidad, y que muy pocas veces son caras y miradas que no hacen daño, ni piensan que lo haces por victimismo.
Pero.. ¿Por qué escribir ésto ahora y no antes?
Porque aunque mis sentimientos siguen siendo los mismos, casi estoy preparada para luchar contra esta guerra personal, una guerra que espero cerrar algún día..
Y si estas líneas son leídas por alguien que está pasando por algo similar a ésto y consiguen que por una noche no tenga que llamarla y sumar una herida más, habrá merecido la pena.
La cuchilla no es una solución, tan sólo es una manera de auto-ayudarte a no acabar bajo tierra mucho antes de lo esperado.
sábado, 19 de septiembre de 2015
Cansancio y miedo.
Una vez más, recurro a aquel sitio en el que me siento libre.
Aquel que escucha todo lo que le digo sin temor a que me pueda traicionar, aquel en el que sólo yo me puedo hacer daño, aquel que consigue que me desahogue, y aunque no lo consiga, al menos sigo intentándolo.
Sigo buscando un resquicio de tranquilidad a este roto corazón, a éste alma desgarrada recompuesta con parches, aquel que sigue sin sanar, pero sigue entero.
Sigo buscando momentos en los que al estar sola, no tenga miedo de mi cabeza, sin miedo a que cualquier cosa haga que me vuelva a hundir.
Porque sigo teniendo miedo. Miedo de mi, de ella, del tiempo, del pasado, de él, del que dirán..
Miedo del miedo, miedo a no quererme nunca, miedo a fallar otra vez, miedo a que se vayan, miedo a volver a sentirme sola, miedo a pensar en que aún no he caído del todo.
Y sé que no debo vivir así, pero lo siento..
Y siento cansancio..
Cansada de hacerme la fuerte, de fingir sonrisas, alegrías, felicidad.. Sólo para no preocupar, por no verles triste por mi culpa, por no verles como yo.
Pero entre guerra y guerra aquí sigo yo, deshaciéndome de la sensación de debilidad, con ganas para todo el mundo menos para mi. Intentando ver si hay cosas buenas en mi. Intentando no fallar.
Intentando no volver hacia atrás, intentando no verla, intentando resurgir..
Pero cada caída es peor porque me cuesta más, me duele más y pesa más..
Y cuando por fin encuentro el motivo de ese agotamiento, sólo me encuentro con que es miedo.. Miedo y cansancio de verme así, de verme mal.
Aquel que escucha todo lo que le digo sin temor a que me pueda traicionar, aquel en el que sólo yo me puedo hacer daño, aquel que consigue que me desahogue, y aunque no lo consiga, al menos sigo intentándolo.
Sigo buscando un resquicio de tranquilidad a este roto corazón, a éste alma desgarrada recompuesta con parches, aquel que sigue sin sanar, pero sigue entero.
Sigo buscando momentos en los que al estar sola, no tenga miedo de mi cabeza, sin miedo a que cualquier cosa haga que me vuelva a hundir.
Porque sigo teniendo miedo. Miedo de mi, de ella, del tiempo, del pasado, de él, del que dirán..
Miedo del miedo, miedo a no quererme nunca, miedo a fallar otra vez, miedo a que se vayan, miedo a volver a sentirme sola, miedo a pensar en que aún no he caído del todo.
Y sé que no debo vivir así, pero lo siento..
Y siento cansancio..
Cansada de hacerme la fuerte, de fingir sonrisas, alegrías, felicidad.. Sólo para no preocupar, por no verles triste por mi culpa, por no verles como yo.
Pero entre guerra y guerra aquí sigo yo, deshaciéndome de la sensación de debilidad, con ganas para todo el mundo menos para mi. Intentando ver si hay cosas buenas en mi. Intentando no fallar.
Intentando no volver hacia atrás, intentando no verla, intentando resurgir..
Pero cada caída es peor porque me cuesta más, me duele más y pesa más..
Y cuando por fin encuentro el motivo de ese agotamiento, sólo me encuentro con que es miedo.. Miedo y cansancio de verme así, de verme mal.
jueves, 13 de agosto de 2015
Mil sentimientos y un abrazo.
Hay veces que la libertad o el sentirte libre, no es estar en ese lugar que te hace sentir en paz, o estar en el lugar más amplio, o en el punto más alto de tu ciudad.
Hay veces que el lugar donde más libre y mejor te sientes es en brazos de aquella persona que quieres. Ya sean en brazos de tus padres, de tu hermana, de tu amigo.. Pero esa libertad, te la dan los abrazos.
Un abrazo sincero, tierno, con fuerza, que consiga hacerte llorar como un niño, que te rompa, que te dé seguridad, fe en ti, esperanza, alegría, nervios, pero a su vez.. tranquilidad.
Un abrazo de los que sólo aquellos que te conocen bien saben darte. Un abrazo que te haga saber que en esa lucha no estás solo, que alguien va a estar a tu lado aunque las cosas se tuerzan..
Un abrazo de los que te duelan las costillas, de los que te cueste respirar y no puedas moverte, de los que te rompan las cicatrices, el alma, y te sientas en paz.
Un abrazo de los que consigan que te sientas en el lugar más seguro del mundo.
Un abrazo que te haga sacar la mejor y la peor versión de ti mismo. Que te saque una sonrisa o tus propios demonios. Un abrazo esperado o robado..
Un abrazo que te haga sentir así, libre.
Por eso, prométeme que si tienes los ojos llorosos, si lo necesitas o si ves a alguien que lo necesite, simplemente vas a abrir los brazos para sentir o ayudar a sentir como la seguridad y la libertad se posan a tu lado y te hacen renacer.
Prométeme que ésto no se quedará en unas líneas escritas en un blog de mala muerte y que no se perderá..
Porque poca gente sabe todo lo que puede llegar a ayudar un simple abrazo.
Porque un abrazo, cuando se da de verdad, cuando se da con el corazón, puede conseguir transmitir todo esto y mucho más.
No dejes que se pierdan los abrazos.
Hay veces que el lugar donde más libre y mejor te sientes es en brazos de aquella persona que quieres. Ya sean en brazos de tus padres, de tu hermana, de tu amigo.. Pero esa libertad, te la dan los abrazos.
Un abrazo sincero, tierno, con fuerza, que consiga hacerte llorar como un niño, que te rompa, que te dé seguridad, fe en ti, esperanza, alegría, nervios, pero a su vez.. tranquilidad.
Un abrazo de los que sólo aquellos que te conocen bien saben darte. Un abrazo que te haga saber que en esa lucha no estás solo, que alguien va a estar a tu lado aunque las cosas se tuerzan..
Un abrazo de los que te duelan las costillas, de los que te cueste respirar y no puedas moverte, de los que te rompan las cicatrices, el alma, y te sientas en paz.
Un abrazo de los que consigan que te sientas en el lugar más seguro del mundo.
Un abrazo que te haga sacar la mejor y la peor versión de ti mismo. Que te saque una sonrisa o tus propios demonios. Un abrazo esperado o robado..
Un abrazo que te haga sentir así, libre.
Por eso, prométeme que si tienes los ojos llorosos, si lo necesitas o si ves a alguien que lo necesite, simplemente vas a abrir los brazos para sentir o ayudar a sentir como la seguridad y la libertad se posan a tu lado y te hacen renacer.
Prométeme que ésto no se quedará en unas líneas escritas en un blog de mala muerte y que no se perderá..
Porque poca gente sabe todo lo que puede llegar a ayudar un simple abrazo.
Porque un abrazo, cuando se da de verdad, cuando se da con el corazón, puede conseguir transmitir todo esto y mucho más.
No dejes que se pierdan los abrazos.
miércoles, 29 de julio de 2015
Nunca te rindas.
Un día te levantas, y sientes que algo va mal, que hay lágrimas en tus ojos y que tus ganas de vivir van disminuyendo.
Empiezas a encontrar a tu amiga 'Soledad', cuyo amor es 'Dolor', y sólo encuentras oscuridad, tristeza y desesperación por estar bien.
Pequeñas cosas del día como levantarte de la cama, comienzan a ser retos para ti; o simplemente te cuesta hacer tu vida, y diariamente comienzas a dejar de ser tú para convertirte en alguien que finge cosas sólo para no preocupar a tus seres queridos.
Cuando te miras al espejo sólo ves dolor, agonía, llanto.. y no reconoces a la persona que aparece en tu reflejo. El poco autoestima que tenías desaparece, y en su lugar, comienzan a aparecer "heridas de guerra".
Luchas a diario contra tus propios demonios, gastando la poca fuerza que tienes en cada batalla, esperando a que un día, esos demonios no aparezcan y poder respirar tranquila; pero siempre vuelven, y cada retorno, es mucho más duro que el anterior.
Mangas bajadas, sonrisas sin vida, y tú sólo piensas en que todo eso pasará pronto de alguna forma..
Pero un día, aparece ese ser, esa persona, ese "Click" que hace que las batallas duelan menos. Aunque siga habiendo heridas, aunque siga habiendo tristeza, cuando estás acompañado de ese "Click" te sientes un poco mejor.
Comienzas a estar a su lado las 24 horas, sin descanso, aprovechando cada segundo que tienes para estar con él. Comienzas a tener un motivo por el que luchar y no rendirte..
Ese "Click" consigue que sonrías y que la fe empiece a aparecer. Es un minúsculo agujero de unos pocos milímetros, pero tras ese agujero, hay un final.
Tras ese agujero puedes observar la gente que tienes a tu lado, aquella que confía en ti, que te quiere tal y como eres.. Y aunque haya alguien que no te conozca del todo, te sigue cuidando; y tú, te sientes más a salvo.
Y empiezas a dejar de tener miedo. Vuelves a sonreír, a tener ganas de vivir, de soñar y vuelves a ver todo de color. Vuelves a confiar en ti, vuelves a quererte, a tener ganas de que el mundo vea que la guerra ha terminado y ha sido ganada y no por los demonios, si no por ti.
Empiezas a reconocer a la persona que está en el espejo, empiezas a ser tú.
Y te das cuenta de que somos como un Fénix, convirtiéndonos en ceniza cada vez que tocamos fondo, pero siendo cada vez más fuertes, mejores personas y casi irrompibles.
Y cuando miras atrás, te das cuenta de que sin ellos no hubiese sido posible.
Siempre hay un motivo por el que seguir luchando.. Bien sea por un amigo, por tus padres, por la música, por ti.. O por todo en general.
Pero.. recuerda: No hay que dejar de luchar, nunca.
Empiezas a encontrar a tu amiga 'Soledad', cuyo amor es 'Dolor', y sólo encuentras oscuridad, tristeza y desesperación por estar bien.
Pequeñas cosas del día como levantarte de la cama, comienzan a ser retos para ti; o simplemente te cuesta hacer tu vida, y diariamente comienzas a dejar de ser tú para convertirte en alguien que finge cosas sólo para no preocupar a tus seres queridos.
Cuando te miras al espejo sólo ves dolor, agonía, llanto.. y no reconoces a la persona que aparece en tu reflejo. El poco autoestima que tenías desaparece, y en su lugar, comienzan a aparecer "heridas de guerra".
Luchas a diario contra tus propios demonios, gastando la poca fuerza que tienes en cada batalla, esperando a que un día, esos demonios no aparezcan y poder respirar tranquila; pero siempre vuelven, y cada retorno, es mucho más duro que el anterior.
Mangas bajadas, sonrisas sin vida, y tú sólo piensas en que todo eso pasará pronto de alguna forma..
Pero un día, aparece ese ser, esa persona, ese "Click" que hace que las batallas duelan menos. Aunque siga habiendo heridas, aunque siga habiendo tristeza, cuando estás acompañado de ese "Click" te sientes un poco mejor.
Comienzas a estar a su lado las 24 horas, sin descanso, aprovechando cada segundo que tienes para estar con él. Comienzas a tener un motivo por el que luchar y no rendirte..
Ese "Click" consigue que sonrías y que la fe empiece a aparecer. Es un minúsculo agujero de unos pocos milímetros, pero tras ese agujero, hay un final.
Tras ese agujero puedes observar la gente que tienes a tu lado, aquella que confía en ti, que te quiere tal y como eres.. Y aunque haya alguien que no te conozca del todo, te sigue cuidando; y tú, te sientes más a salvo.
Y empiezas a dejar de tener miedo. Vuelves a sonreír, a tener ganas de vivir, de soñar y vuelves a ver todo de color. Vuelves a confiar en ti, vuelves a quererte, a tener ganas de que el mundo vea que la guerra ha terminado y ha sido ganada y no por los demonios, si no por ti.
Empiezas a reconocer a la persona que está en el espejo, empiezas a ser tú.
Y te das cuenta de que somos como un Fénix, convirtiéndonos en ceniza cada vez que tocamos fondo, pero siendo cada vez más fuertes, mejores personas y casi irrompibles.
Y cuando miras atrás, te das cuenta de que sin ellos no hubiese sido posible.
Siempre hay un motivo por el que seguir luchando.. Bien sea por un amigo, por tus padres, por la música, por ti.. O por todo en general.
Pero.. recuerda: No hay que dejar de luchar, nunca.
lunes, 11 de mayo de 2015
Ojalá.
Ojalá tuviera un corazón frío.
Ojalá no supiese lo que son los sentimientos.
Ojalá estuviera en el vientre de mamá.
Ojalá fuera siempre pequeña.
Ojalá viviera en una infancia eterna.
Ojalá no supiera lo que es el dolor.
Ojalá no la hubiese cogido nunca.
Ojalá no hubiera amado.
Ojalá no hubiera sentido.
Ojalá no hubiera tenido miedo.
Ojalá no le hubiera conocido.
Ojalá no hubiera llorado.
Ojalá no hubiera fallado.
Ojalá no hubiera sufrido.
Ojalá no hubiera roto promesas.
Ojalá no hubiera sabido lo que es vivir sin sonreír.
Ojalá no hubiera vivido muchos momentos..
Ojalá no hubiera tocado fondo.
Ojalá nunca hubiera tenido que resurgir.
Ojalá no hubieran cicatrices.
Ojalá no tuviera que haber aprendido a vivir con ellas..
Escribiría tantos 'ojalá's' que creo que no terminaría esta noche.
Hubiera evitado todos aquellos bajones, todos esos momentos en los que pensé en tirar la toalla, todos esos momentos en los que pensaba que no podía; hubiera evitado todas esas guerras contra ella, contra mi..
Ahora viviría mucho mejor; pero tuve que aprender a vivir con todo ello, y.. no es nada fácil.
Pero cuando me pongo a pensar en todo lo vivido.. Creo que volvería a pasar por todo aquel dolor si volviera a ser la misma persona que soy ahora.
Ahora sé cuánto dolor soporto sin explotar, cuánta rabia puedo aguantar y cuántas ganas por luchar sigo teniendo.
Ojalá un corazón frío como el hielo...
O tal vez no, quizá no sería la pensar que soy y.. me gusta ser yo.
Ojalá no supiese lo que son los sentimientos.
Ojalá estuviera en el vientre de mamá.
Ojalá fuera siempre pequeña.
Ojalá viviera en una infancia eterna.
Ojalá no supiera lo que es el dolor.
Ojalá no la hubiese cogido nunca.
Ojalá no hubiera amado.
Ojalá no hubiera sentido.
Ojalá no hubiera tenido miedo.
Ojalá no le hubiera conocido.
Ojalá no hubiera llorado.
Ojalá no hubiera fallado.
Ojalá no hubiera sufrido.
Ojalá no hubiera roto promesas.
Ojalá no hubiera sabido lo que es vivir sin sonreír.
Ojalá no hubiera vivido muchos momentos..
Ojalá no hubiera tocado fondo.
Ojalá nunca hubiera tenido que resurgir.
Ojalá no hubieran cicatrices.
Ojalá no tuviera que haber aprendido a vivir con ellas..
Escribiría tantos 'ojalá's' que creo que no terminaría esta noche.
Hubiera evitado todos aquellos bajones, todos esos momentos en los que pensé en tirar la toalla, todos esos momentos en los que pensaba que no podía; hubiera evitado todas esas guerras contra ella, contra mi..
Ahora viviría mucho mejor; pero tuve que aprender a vivir con todo ello, y.. no es nada fácil.
Pero cuando me pongo a pensar en todo lo vivido.. Creo que volvería a pasar por todo aquel dolor si volviera a ser la misma persona que soy ahora.
Ahora sé cuánto dolor soporto sin explotar, cuánta rabia puedo aguantar y cuántas ganas por luchar sigo teniendo.
Ojalá un corazón frío como el hielo...
O tal vez no, quizá no sería la pensar que soy y.. me gusta ser yo.
domingo, 19 de abril de 2015
Trescientos sesenta y cinco días después.
Aún puedo recordar la cara de ella cuando nos miramos.. Se le notaba la rabia y el dolor que contenía con sólo mirarla a los ojos.. y recordarlo, duele.
Todo lo que tuvo que sufrir, todo lo que tuvo que aguantar, todo el peso que tuvo que soportar.. y todo eso por estar a mi lado. Por no abandonarme.
Un momento duro que viví junto a ella, y que a pesar de todo lo que la he fallado, ha seguido luchando junto a mi, no dejándome caer, levantándome y cuidando de mi, como siempre.
Pero sé que ella estaba cuidada por él, por ellos, por todos. Aquellos que en algún momento también han cuidado de mi. Ellos.
Ellos fueron el principio de una lucha que a día de hoy, no está terminada. Una lucha diaria en la que yo formo parte, sabiendo cada instante, que no estoy sola en el campo de batalla.
Estuvieron a mi lado en los peores momentos, viendo como caía en silencio, como intentaba sonreír, como la tranquilidad se ponía de mi lado, sintiéndome protegida, sintiéndome a salvo, encontrando mi Norte.
Nunca las gracias serán suficientes cuando de esto se trate.
He derramado lágrimas que ella me secó; he recibido abrazos en los que yo sentía esa protección, y he tenido luchas con mi bestia interior que él tuvo que ver. Pero también han visto como esta sonrisa volvía a brillar, como el dolor empieza a sanar y como todo comienza a curar.
Y esto hubiera sido mucho peor en otras circunstancias, y que yo habría tenido más miedo aún, y ellos hubieran estado mucho peor, pero por fortuna no ha sido así.
Sé que habéis sufrido por mi culpa, que habéis estado mal, que todo ha sido complicado y que no os gusta mi bestia.. Pero también sé que voy a seguir luchando para cerrar este pasado, para que en un futuro os podáis sentir orgullosos de mi, de haber ganado.
Cuando pienso en todo el dolor que han podido sufrir los que han luchado a mi lado, me duele mucho más que todo lo que he sufrido yo, pero también sé la suerte que tengo de tener a la gente que tengo a mi lado; a esta familia, a mis hermanas y hermano de otra madre. Sé la suerte que tengo de tener a mi pequeña mariposa, la que tiene que aguantar cada día a esta persona que la hizo sufrir.
He ganado mucho más de lo que realmente perdí, y si pudiera ir al pasado para evitar errores, creedme que lo haría con los ojos cerrados. Pero haré lo que esté en mi mano para no fallar, para cuidaros y para veros sonreír.
Os quiero, con todo mi corazón.
Todo lo que tuvo que sufrir, todo lo que tuvo que aguantar, todo el peso que tuvo que soportar.. y todo eso por estar a mi lado. Por no abandonarme.
Un momento duro que viví junto a ella, y que a pesar de todo lo que la he fallado, ha seguido luchando junto a mi, no dejándome caer, levantándome y cuidando de mi, como siempre.
Pero sé que ella estaba cuidada por él, por ellos, por todos. Aquellos que en algún momento también han cuidado de mi. Ellos.
Ellos fueron el principio de una lucha que a día de hoy, no está terminada. Una lucha diaria en la que yo formo parte, sabiendo cada instante, que no estoy sola en el campo de batalla.
Estuvieron a mi lado en los peores momentos, viendo como caía en silencio, como intentaba sonreír, como la tranquilidad se ponía de mi lado, sintiéndome protegida, sintiéndome a salvo, encontrando mi Norte.
Nunca las gracias serán suficientes cuando de esto se trate.
He derramado lágrimas que ella me secó; he recibido abrazos en los que yo sentía esa protección, y he tenido luchas con mi bestia interior que él tuvo que ver. Pero también han visto como esta sonrisa volvía a brillar, como el dolor empieza a sanar y como todo comienza a curar.
Y esto hubiera sido mucho peor en otras circunstancias, y que yo habría tenido más miedo aún, y ellos hubieran estado mucho peor, pero por fortuna no ha sido así.
Sé que habéis sufrido por mi culpa, que habéis estado mal, que todo ha sido complicado y que no os gusta mi bestia.. Pero también sé que voy a seguir luchando para cerrar este pasado, para que en un futuro os podáis sentir orgullosos de mi, de haber ganado.
Cuando pienso en todo el dolor que han podido sufrir los que han luchado a mi lado, me duele mucho más que todo lo que he sufrido yo, pero también sé la suerte que tengo de tener a la gente que tengo a mi lado; a esta familia, a mis hermanas y hermano de otra madre. Sé la suerte que tengo de tener a mi pequeña mariposa, la que tiene que aguantar cada día a esta persona que la hizo sufrir.
He ganado mucho más de lo que realmente perdí, y si pudiera ir al pasado para evitar errores, creedme que lo haría con los ojos cerrados. Pero haré lo que esté en mi mano para no fallar, para cuidaros y para veros sonreír.
Os quiero, con todo mi corazón.
lunes, 23 de marzo de 2015
Dos caminos.
Escribo esto mientras hecho la vista hacia atrás y veo el camino que he recorrido hasta el día de hoy.
Un camino en el que tan sólo una vez, llegué a imaginarme a mi, dirigiéndome al camino corto para terminar con todo el dolor, toda la angustia y toda la ira que en mi interior había.
Pero fue después, cuando ella estaba en mi mano, cuando mis dedos acariciaban su suave filo, cuando me puse a pensar en todo lo que podía perder si al final caminaba hacia allí. Pero una vez más; mi propio ser y mi propia mente volvía a ganar a ese absurdo pensamiento.
Si he logrado superar todos los baches que se han cruzado en mi camino.. ¿Por qué éste no? No era debilidad, eso lo tenía claro. Pero caí en la cuenta de que era aquel dolor el que me intentaba ganar. El dolor que me había causado a mi misma y a mis seres queridos.. Y no podía perder o ganar, sin luchar.
¿De verdad iba a permitir que me ganara él? Eso ni en broma. Sobre todo cuando descubrí a quién tenía a mi lado.
¿Y cómo pensabas marcharte? ¿Dónde, en tu habitación? ¿O aliándose con la gravedad y un puente? ¿De verdad querías ver como te lloraban todas esas personas que te querían? ¿O que ellos pudieran encontrarte de esas maneras tan horribles?
Tan sólo hacia falta imaginarme en aquellas situaciones para que el corazón me diera un vuelco por sí solo. Pero eso era lo que me dolía. El dolor de ellos más que el mío propio. Por eso sabía que el camino corto no podía estar entre mis opciones; al menos de momento.
No podía abandonar una guerra sin pelear hasta el final, sin ver el último resultado, y sin ver lo que había conseguido. Al fin y al cabo, he ganado todas mis guerras, ésta no podía ser mucho más distinta.
Quizá sólo me hacía falta llegar hasta el fondo para impulsarme con mucha más fuerza aún.
A día de hoy, no me arrepiento en absoluto de aquella elección.
Tengo una familia que a pesar de que no la elegí, tampoco me la merezco. Pero me siento muy afortunada en tenerles, y no he podido tener más suerte.
Esta guerra puede que no haya llegado ni a la mitad, o que incluso tarde años en ganarla, pero lo único que sé, es que no tengo miedo.
No hay miedo que me intimide, ni miedo que pueda conmigo.
Y sé que podré con todo lo que tenga que venir, si ellos siguen a mi lado.
Un camino en el que tan sólo una vez, llegué a imaginarme a mi, dirigiéndome al camino corto para terminar con todo el dolor, toda la angustia y toda la ira que en mi interior había.
Pero fue después, cuando ella estaba en mi mano, cuando mis dedos acariciaban su suave filo, cuando me puse a pensar en todo lo que podía perder si al final caminaba hacia allí. Pero una vez más; mi propio ser y mi propia mente volvía a ganar a ese absurdo pensamiento.
Si he logrado superar todos los baches que se han cruzado en mi camino.. ¿Por qué éste no? No era debilidad, eso lo tenía claro. Pero caí en la cuenta de que era aquel dolor el que me intentaba ganar. El dolor que me había causado a mi misma y a mis seres queridos.. Y no podía perder o ganar, sin luchar.
¿De verdad iba a permitir que me ganara él? Eso ni en broma. Sobre todo cuando descubrí a quién tenía a mi lado.
¿Y cómo pensabas marcharte? ¿Dónde, en tu habitación? ¿O aliándose con la gravedad y un puente? ¿De verdad querías ver como te lloraban todas esas personas que te querían? ¿O que ellos pudieran encontrarte de esas maneras tan horribles?
Tan sólo hacia falta imaginarme en aquellas situaciones para que el corazón me diera un vuelco por sí solo. Pero eso era lo que me dolía. El dolor de ellos más que el mío propio. Por eso sabía que el camino corto no podía estar entre mis opciones; al menos de momento.
No podía abandonar una guerra sin pelear hasta el final, sin ver el último resultado, y sin ver lo que había conseguido. Al fin y al cabo, he ganado todas mis guerras, ésta no podía ser mucho más distinta.
Quizá sólo me hacía falta llegar hasta el fondo para impulsarme con mucha más fuerza aún.
A día de hoy, no me arrepiento en absoluto de aquella elección.
Tengo una familia que a pesar de que no la elegí, tampoco me la merezco. Pero me siento muy afortunada en tenerles, y no he podido tener más suerte.
Esta guerra puede que no haya llegado ni a la mitad, o que incluso tarde años en ganarla, pero lo único que sé, es que no tengo miedo.
No hay miedo que me intimide, ni miedo que pueda conmigo.
Y sé que podré con todo lo que tenga que venir, si ellos siguen a mi lado.
domingo, 22 de febrero de 2015
Dime que haría sin ti.
Enciendes almas, das vida, y tan sólo pides una sonrisa de esa persona.
Llenas el corazón de mucha gente, las cuales lo dan todo por ti.
Sólo tú sabes como poder llegar al punto exacto del dolor de una persona, consiguiendo que llore hasta que no puede más, hasta que se duerme.. Sólo tú sabes lo que puedes llegar a unir a dos desconocidos por el simple hecho del amor que ambos tienen hacia ti.
Algunos, te llevan en su piel para el resto de sus días, otros no se separan de ti.
Algunos, te quieren; otros te ignoran..
Pero el miedo a que no estés sigue existiendo. El miedo a que desaparezcas es tan grande, que duele. Es algo que se intenta no pensar; tan sólo disfrutan de ti y de todo lo que le puedes ofrecer, pero es algo que tarde o temprano aparece.
Aún sigo sin comprender como consigues hacer sonreír a un corazón tan triste, como consigues hacer sentir a una persona que no está sola aunque su alrededor esté completamente vacío.
No llego a comprender como llegué a quererte tanto cuando tan sólo era una niña pequeña..
Por eso, dime..
Dime que haré si tú te apagas algún día. Si tus notas no me sanaran y se apagara la melodía.
Dime que haré si no estás ahí para calmar mis fantasmas. Si eres tú la que luchas, si eres tú la que gana la la batalla.
Dime que haré si no estás ahí pa' consolarme. Si me voy apagando y no estás ahí para encenderme.
Dime que haré cuando no sienta ese escalofrío que siento en cada canción, aquellas que llegan a tocar mi alma y mi corazón.
Dime que haré si ellos no están a mi lado. Aquellos que con su voz y su fuerza, me acompañan en cada escalón.
Dime que haré si me vuelvo a caer. Si la vuelvo a encontrar y tú no estás junto a mi, evitando que me haga daño.
Dime que será de mi, si tú no estás ahí.
Dime que será de mi, si llega el día en que la música dejara de ser poesía.
Llenas el corazón de mucha gente, las cuales lo dan todo por ti.
Sólo tú sabes como poder llegar al punto exacto del dolor de una persona, consiguiendo que llore hasta que no puede más, hasta que se duerme.. Sólo tú sabes lo que puedes llegar a unir a dos desconocidos por el simple hecho del amor que ambos tienen hacia ti.
Algunos, te llevan en su piel para el resto de sus días, otros no se separan de ti.
Algunos, te quieren; otros te ignoran..
Pero el miedo a que no estés sigue existiendo. El miedo a que desaparezcas es tan grande, que duele. Es algo que se intenta no pensar; tan sólo disfrutan de ti y de todo lo que le puedes ofrecer, pero es algo que tarde o temprano aparece.
Aún sigo sin comprender como consigues hacer sonreír a un corazón tan triste, como consigues hacer sentir a una persona que no está sola aunque su alrededor esté completamente vacío.
No llego a comprender como llegué a quererte tanto cuando tan sólo era una niña pequeña..
Por eso, dime..
Dime que haré si tú te apagas algún día. Si tus notas no me sanaran y se apagara la melodía.
Dime que haré si no estás ahí para calmar mis fantasmas. Si eres tú la que luchas, si eres tú la que gana la la batalla.
Dime que haré si no estás ahí pa' consolarme. Si me voy apagando y no estás ahí para encenderme.
Dime que haré cuando no sienta ese escalofrío que siento en cada canción, aquellas que llegan a tocar mi alma y mi corazón.
Dime que haré si ellos no están a mi lado. Aquellos que con su voz y su fuerza, me acompañan en cada escalón.
Dime que haré si me vuelvo a caer. Si la vuelvo a encontrar y tú no estás junto a mi, evitando que me haga daño.
Dime que será de mi, si tú no estás ahí.
Dime que será de mi, si llega el día en que la música dejara de ser poesía.
martes, 27 de enero de 2015
Sigo aquí.
Sentir ese dolor en mi pecho, sentir como mi interior arde en un fuego en el que una vez hubo un corazón lleno de amor y que ahora, se está convirtiendo en cenizas.
Sentir como aquel dolor, te acompaña cada minuto de tu vida, convirtiéndose así en una bestia, un fantasma, o como una parte de ti.. llámalo como quieras.
Sentir como toda esa fuerza que durante años has estado tratando de forjar, va desapareciendo hasta llegar a convertirse en algo insignificante y casi invisible para tu propio ser.
Sentir como esas ganas locas de vivir se van desvaneciendo como la arena en una ventisca y como tu interior se empieza a volver negro, oscuro y tétrico.
Sentir como tu propia sonrisa, desaparece como por arte de magia, en un momento, y comienzas a no reconocer a la persona que aparece ante aquel espejo.
Sentir como tu mirada comienza a entristecerse, a no tener ese brillo que normalmente tienes y que tanto te llega a gustar.
Sentir que el único motivo por el que no tiras la toalla, es porque el propio dolor no te deja..
Y te acabas estancando.
Te estancas en un mar de odio, pena, sufrimiento, dolor, rabia contenida, ansiedad y enfado. Hasta la propia idea de la muerte te parece inútil si lo comparas con tu bestia interior.
¿Para qué morir? Ganaría él.
¿Para qué vivir? Sólo causo dolor.
Y por mucho que comparas y valoras, no encuentras la solución.
Hasta que un día, aparece esa luz. Esa luz que va brillando más, y no te abandona nunca.
Esa luz es por la que va asomando una respuesta, un motivo, algo en lo que tener fe.
Comienzas a sentir el calor externo. Comienzas a sentir como ese fuego interno se va apaciguando hasta no quemarte más.
Comienzas a volver a ser tú; a ver como tímidamente aparece esa sonrisa. Comienzas a ver como esa mirada, deja de ser aquellos ojos tristes, y empiezan a tener ese brillo que tuviste una vez.
Comienzas a entender que desaparecer, ya no está en tu vocabulario, al menos de momento. Comienzas a sentir que tienes un motivo por el que luchar; y que ese motivo, se va multiplicando y cogiendo fuerza.
Comienzas a ver un nuevo amanecer, comienzas a vivir.
Dentro de toda esa oscuridad, allí estaba esa luz que siempre brilló. Aquella luz que te ha dado abrazos, amor, libertad, fe, fuerza, esperanza, apoyo y VIDA.
Ahora sé que no voy a rendirme. Sé que seguiré luchando, junto a mis cicatrices, con mis subidas y mis bajadas; pero lucharé. Y que esa luz, estará siempre a mi lado.
Por eso, no dejes de luchar, nunca.
Aunque sientas que ya no puedes más; aunque notes como si tuvieras unas pesas que te estuvieran hundiendo...
Sigue luchando, buscando esa luz, ese motivo, y esa fe. Búscala.
Hazlo por lo que quieras, pero hazlo: Ama, sonríe y sobretodo.. VIVE.
Sentir como aquel dolor, te acompaña cada minuto de tu vida, convirtiéndose así en una bestia, un fantasma, o como una parte de ti.. llámalo como quieras.
Sentir como toda esa fuerza que durante años has estado tratando de forjar, va desapareciendo hasta llegar a convertirse en algo insignificante y casi invisible para tu propio ser.
Sentir como esas ganas locas de vivir se van desvaneciendo como la arena en una ventisca y como tu interior se empieza a volver negro, oscuro y tétrico.
Sentir como tu propia sonrisa, desaparece como por arte de magia, en un momento, y comienzas a no reconocer a la persona que aparece ante aquel espejo.
Sentir como tu mirada comienza a entristecerse, a no tener ese brillo que normalmente tienes y que tanto te llega a gustar.
Sentir que el único motivo por el que no tiras la toalla, es porque el propio dolor no te deja..
Y te acabas estancando.
Te estancas en un mar de odio, pena, sufrimiento, dolor, rabia contenida, ansiedad y enfado. Hasta la propia idea de la muerte te parece inútil si lo comparas con tu bestia interior.
¿Para qué morir? Ganaría él.
¿Para qué vivir? Sólo causo dolor.
Y por mucho que comparas y valoras, no encuentras la solución.
Hasta que un día, aparece esa luz. Esa luz que va brillando más, y no te abandona nunca.
Esa luz es por la que va asomando una respuesta, un motivo, algo en lo que tener fe.
Comienzas a sentir el calor externo. Comienzas a sentir como ese fuego interno se va apaciguando hasta no quemarte más.
Comienzas a volver a ser tú; a ver como tímidamente aparece esa sonrisa. Comienzas a ver como esa mirada, deja de ser aquellos ojos tristes, y empiezan a tener ese brillo que tuviste una vez.
Comienzas a entender que desaparecer, ya no está en tu vocabulario, al menos de momento. Comienzas a sentir que tienes un motivo por el que luchar; y que ese motivo, se va multiplicando y cogiendo fuerza.
Comienzas a ver un nuevo amanecer, comienzas a vivir.
Dentro de toda esa oscuridad, allí estaba esa luz que siempre brilló. Aquella luz que te ha dado abrazos, amor, libertad, fe, fuerza, esperanza, apoyo y VIDA.
Ahora sé que no voy a rendirme. Sé que seguiré luchando, junto a mis cicatrices, con mis subidas y mis bajadas; pero lucharé. Y que esa luz, estará siempre a mi lado.
Por eso, no dejes de luchar, nunca.
Aunque sientas que ya no puedes más; aunque notes como si tuvieras unas pesas que te estuvieran hundiendo...
Sigue luchando, buscando esa luz, ese motivo, y esa fe. Búscala.
Hazlo por lo que quieras, pero hazlo: Ama, sonríe y sobretodo.. VIVE.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)