Me gustaría empezar con un saludo cordial pero creo que sería mentir, y sinceramente, no soy una falsa.
Tú, en el presente actual te encargas de hundir a las personas en lo más profundo del hoyo.
Si eres una chica con gustos similares a los que tiene un chico; ya eres un bicho raro, y si lo que cuento, ocurre exactamente al revés, ese chico es "homosexual" o "retrasado" y automáticamente vuestro pequeño y miserable cerebro te hace ser una completa basura y comienzas a machacar a esa persona.
Si eres una persona de color, o de otra religión, automáticamente ya tiene que ser un ladrón, un asesino o algo similar.
Si eres una persona bastante tímida, significa que eres una "estrecha"; pero si eres todo lo contrario, si eres una persona abierta a conocer gente, ya eres una "chica fácil".
Si te gusta ver series, películas, animes y leer manga, toman la palabra >> Friki << como un insulto y te abasallan a hundirte y hacerte daño.
Si prefieres quedarte en casa por la noche en vez de estar de fiesta hasta la madrugada, significa que eres una sosa; y si por el contrario, te gusta mucho la fiesta, eres un buscón/a.
Si pesas unos kilos más de lo normal, eres una obesa que no te quiere nadie; y si tu constitución tiende más bien a la delgadez, significa que eres una anoréxica o bulímica y que sólo lo haces para llamar la atención.
Si te gustan los tatuajes y los "piercings" eres una macarra; y si es todo lo contrario, eres una pija.
El caso es quejarse por algo aunque realmente no tengas argumentos obvios para demostrar que eres tú quién tiene la razón.
Querida sociedad: Das asco.
Después no preguntes porque nos revelamos en tu contra, cuando eres la primera que nos incita a hacerlo.
Fdo:
Alguien que tuvo que echarle un par de huevos a la vida.
'El papel y el boli no te juzgan, no votan; tan sólo transcriben la verdad y me permiten pasar página.' (R.Barguer)
jueves, 10 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
El placer de amarte.
Nadie podría imaginar que los sentimientos fueran tan fuertes cuando quieres a alguien que está a cientos de kilómetros y no puedes estar con ella; hasta que al final los puedes cruzar, y es entonces cuando te encuentras a su lado y dejas que los sentimientos y el corazón actúen.
Pero tras mucho tiempo, te tenía enfrente mía y nadie nos podía molestar. Unas mantas en el suelos nos hacía de colchón, y tan sólo teníamos que dejarnos llevar.
Sentí como tus manos se entrelazaban con las mías y mi respiración se volvía más rápida. Ambos dimos un paso y nos acercamos más al otro. Nos quedamos quietos, a unos pocos milímetros de nuestros labios y simplemente nos miramos. Y poco a poco, nuestros labios se fueron juntando hasta que se terminar de unir e irremediablemente nos besamos..
Sentí como me besabas por primera vez. Tus labios eran suaves y besarte era como estar rodeado de ángeles. Mis manos se soltaron de las tuyas y comenzé a estrecharte entre mis brazos sin separarme de tus labios.. Comenzé a bajar por tu cuello, dándote pequeños besos mientras jugabas con mis pelos y yo empezé a desnudarte.
Noté como tu camiseta caía sobre mi brazo hasta caer al suelo al mismo tiempo que yo te besaba con más pasión e iba acercándome a tu pecho hasta llegar al botón de tus pantalones. Desabrochándolo con suavidad y notando como te estremecías con cada pequeña caricia que te daba.
En ese instante, me tumbaste en el suelo y sentí como tus manos recorrían cada centímetro de mi camiseta, buscando el final de ella para poder rozarnos piel con piel.
Tus besos eran largos y suaves y yo, cada vez me sentía más húmeda, con más calor y con más ganas de hacerte el amor. Mis manos rodeaban tu cintura haciendo círculos con las yemas de mis dedos y sintiendo tu piel en contacto con mi cuerpo.
Tu ropa me hacía de almohada mientras tú me desvestías con tanta suavidad como si de seda se tratara. A los pocos segundos, estábamos ambos en ropa interior y tú encima mío.
Mis manos bajaban por tu espalda hasta llegar al calzoncillo, mientras te lo quitaba despacio y rozándote con mis manos; y tus manos, bajaban por mi cuello llegando a mis pechos, mientras empezabas a tocarlos suavemente juntándolos con tus labios y tu lengua. Y cada vez te sentía más, hasta que me terminaste de desnudad y con dulzura y pasión me hiciste tuya.
Te sentía dentro de mí, sentía cada poro de tu hermosa piel junto a mí. Te miraba a los ojos mientras me hacías tuya con cada movimiento, con cada gesto, y la felicidad que existía en esa habitación era inmensa.
Llené tu cuerpo de pequeños mordisquitos acompañados de dulces y suaves besos y tú a cambio, me llenabas de arrumacos y caricias mientras me hacías el amor.
Cada centímetro de nuestros cuerpos había sido acariciado, tocado y besado por la otra persona sin importar la zona que fuera. Y cada vez que lo hacíamos, cada vez que te hacía mío era como volver al cielo. Cada vez que te hacía mío de una y mil posturas era un placer inmenso. Era el placer de amarte.
Pero tras mucho tiempo, te tenía enfrente mía y nadie nos podía molestar. Unas mantas en el suelos nos hacía de colchón, y tan sólo teníamos que dejarnos llevar.
Sentí como tus manos se entrelazaban con las mías y mi respiración se volvía más rápida. Ambos dimos un paso y nos acercamos más al otro. Nos quedamos quietos, a unos pocos milímetros de nuestros labios y simplemente nos miramos. Y poco a poco, nuestros labios se fueron juntando hasta que se terminar de unir e irremediablemente nos besamos..
Sentí como me besabas por primera vez. Tus labios eran suaves y besarte era como estar rodeado de ángeles. Mis manos se soltaron de las tuyas y comenzé a estrecharte entre mis brazos sin separarme de tus labios.. Comenzé a bajar por tu cuello, dándote pequeños besos mientras jugabas con mis pelos y yo empezé a desnudarte.
Noté como tu camiseta caía sobre mi brazo hasta caer al suelo al mismo tiempo que yo te besaba con más pasión e iba acercándome a tu pecho hasta llegar al botón de tus pantalones. Desabrochándolo con suavidad y notando como te estremecías con cada pequeña caricia que te daba.
En ese instante, me tumbaste en el suelo y sentí como tus manos recorrían cada centímetro de mi camiseta, buscando el final de ella para poder rozarnos piel con piel.
Tus besos eran largos y suaves y yo, cada vez me sentía más húmeda, con más calor y con más ganas de hacerte el amor. Mis manos rodeaban tu cintura haciendo círculos con las yemas de mis dedos y sintiendo tu piel en contacto con mi cuerpo.
Tu ropa me hacía de almohada mientras tú me desvestías con tanta suavidad como si de seda se tratara. A los pocos segundos, estábamos ambos en ropa interior y tú encima mío.
Mis manos bajaban por tu espalda hasta llegar al calzoncillo, mientras te lo quitaba despacio y rozándote con mis manos; y tus manos, bajaban por mi cuello llegando a mis pechos, mientras empezabas a tocarlos suavemente juntándolos con tus labios y tu lengua. Y cada vez te sentía más, hasta que me terminaste de desnudad y con dulzura y pasión me hiciste tuya.
Te sentía dentro de mí, sentía cada poro de tu hermosa piel junto a mí. Te miraba a los ojos mientras me hacías tuya con cada movimiento, con cada gesto, y la felicidad que existía en esa habitación era inmensa.
Llené tu cuerpo de pequeños mordisquitos acompañados de dulces y suaves besos y tú a cambio, me llenabas de arrumacos y caricias mientras me hacías el amor.
Cada centímetro de nuestros cuerpos había sido acariciado, tocado y besado por la otra persona sin importar la zona que fuera. Y cada vez que lo hacíamos, cada vez que te hacía mío era como volver al cielo. Cada vez que te hacía mío de una y mil posturas era un placer inmenso. Era el placer de amarte.
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